Susurros en la FSA


El socialismo asturiano, a rebufo de la revolución de Ferraz, prepara una inevitable réplica del terremoto: finalmente una parte de la vieja guardia se ha dado cuenta de que está muerta aunque cobre la nómina. Algunos susanistas rumian su derrota en los chigres, todavía perplejos, y conspiran para tomar de nuevo el poder a escondidas, sin que la militancia se despierte. Pero no cuela, porque en política la memoria es una asesina implacable de largos brazos y las heridas del pasado no van a quedar impunes. Están todos, para bien y para mal, retratados en posturas a menudo tan poco decentes como el sí a Rajoy. Quien apostó mal subiéndose al carro del oportunismo quedará peor que quien no apostó, aunque siempre hay lampreas que libran en todas las circunstancias. Y me parece que Adriana Lastra no va a soltar la presa después de lo que le llovió encima por enfrentarse al mausoleo. Desde luego, valentía no le faltó. Ahora, con el SOMA como noqueado, dando puños al vacío, a punto de embarcarse para Alcatraz, y UGT que no asoma de debajo de la alfombra por si acaso le cae encima la UCO como un alud, Lastra reúne más poder en una mano que toda la FSA en los tiempos pasados de Fernández. En los pasillos se conspira, sí, se critica a esos jovenzuelos que todo lo quieren. Pero es de pacotilla.

Los dos candidatos, uno más que otro y no diré cuál, representan los nuevos tiempos del partido. No lo van a tener fácil, pero esto, hablando de la FSA, es decir una obviedad. Toca renovar, toca adaptarse o bien asomarse al abismo como el socialismo francés, encerrado en su laberinto. Creo, no obstante, que el PSOE, que atravesó cuatro décadas de dictadura sin sucumbir, es más correoso en su genética que su homólogo del norte. Si todavía le queda por sufrir, es seguro que cuando consume su catarsis volverá a ocupar el sitio que le corresponde.  

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