El mercado de la zanahoria

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La noticia fue tan sencilla como esta: el Partido Nacionalista Vasco volvió a salvar al Gobierno Rajoy al votar el techo de gasto del año que viene. Si no fuese por el PNV, la suma de los otros seis que Montoro logró seducir no darían para ganar la votación. Es cierto que lo mismo se puede decir de esos seis: si hubiese fallado Ciudadanos, por ejemplo, tampoco habría techo de gasto. E incluso si hubiese votado en contra cualquiera de los dos diputados canarios, las cuentas del Reino estarían empantanadas. ¿Por qué se destaca al PNV? Porque es nacionalista y porque el nacionalismo vasco casi nunca tuvo buena conexión con el PP. ¿Y por qué al mismo tiempo se devalúa su ? Porque no es fruto de su responsabilidad, como afirma su portavoz parlamentario, sino porque obtuvo del Gobierno unas espectaculares compensaciones económicas. Se puede hablar de «voto comprado».

En este punto yo pregunto: ¿y no es comprado el voto de Ciudadanos, que obligó a Montoro a una rebaja no prevista del IRPF para mileuristas? ¿No fue comprado para la Ley de Presupuestos el voto del canario Pedro Quevedo, que se cuantificó en 400 millones de euros? Esta es la zanahoria de que dispone Cristóbal Montoro para hacer posibles los acuerdos; es decir, para poder gobernar. Ese es el precio de estar en minoría, que obliga a un constante mercadeo… mientras haya en la despensa del Estado algo con lo que mercadear.

Como españoles, aceptémoslo con normalidad, porque es la forma de conseguir la estabilidad. Como gallegos, lamentemos una vez más no tener esa fuerza nacionalista que nos permita ejercer esa presión, que lo deja todo a merced de la buena relación Rajoy-Feijoo. Y, como observación puntual de la realidad política, celebremos que hay algún nacionalismo en España que quiere y sabe negociar con el Gobierno, aunque sea chupando de la ubre y aprovechando el estado de necesidad de los inquilinos de la Moncloa. La Cataluña de Pujol se aprovechó mucho de los agobios de Felipe González y de Aznar, pero permitió que España fuese gobernable en momentos muy delicados. Sin ese nivel de entendimiento -de mercadeo, si lo prefieren-, la historia de estos cuarenta años hubiera sido distinta. No sé si mejor o peor, pero distinta.

Y, en cuanto al tráfico de favores y votos, ¡qué más quisiéramos que ver ahora a los nacionalistas catalanes haciendo cola en el mercado de las zanahorias! Nos escandalizaríamos, quizá, de la cantidad de hortalizas que se llevaban, pero serían una inversión en unidad nacional. Tontos ellos por despreciarla, y tonto Madrid por no ofrecerla, porque quizá la zanahoria catalana sería más barata que la vasca. Dicho sea sin ánimo de comparar. Es decir, sin ánimo de ofender.

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