La democracia del pueblo


En el pueblo, y no en el Parlamento, más que les pese a algunos, reside la auténtica y plena democracia. Pero para simplificar su puesta en marcha de forma práctica y operativa se arbitran diferentes y complicados mecanismos o leyes electorales, según el país o el hemisferio territorial o cultural en que te encuentres.

En nuestra Nación es de una singularidad un tanto curiosa. Por contentar a los menos, los más siempre salen perjudicados. Y, este aporte de diputados tan desigual, según territorios, hace que en unos con 5500 votos obtengan un diputado; en cambio, en otros territorios (en la mayoría de la Nación) hayan de multiplicarse por diez para conseguir la misma meta. Dándose la paradoja que la extinta CIU con 500.000 papeletas depositadas en las urnas, el número de diputados nacionales superaba la veintena; en cambio, en las mismas fechas, IU con las mismas papeletas su trofeo era tan solo un diputado nacional, o escaño en el Parlamento con mayúsculas.

Y, esto no es sólo cuestión de números; sino que también lo es de cifras.

Se puede dar el caso, y estas son palabras mayores, que a la hora de aprobar los Presupuestos Generales del año económico, si el partido que está en el Gobierno de turno necesita los votos de partidos nacionalistas como PNV o CIU para alcanzar su mayoría absoluta se lo compensarán de tal forma su exigua aportación con el grueso de ciertas partidas. Así, en los presupuestos del año en curso de los 14.500 millones destinados a la partida de infraestructuras: unos 5000 millones se marcharon al País vasco y casi otros tantos a Cataluña. ¿Qué quedó para el resto de España?: 1/3 de la tarta.

Por tanto, no es cuestión de números; pero sí, es cuestión de cifras.

Por eso, cuanto más y mejor esté representado el Pueblo en el arco multicolor del Parlamento, más sana será nuestra democracia, más fácilmente las contribuciones regresarán a los contribuyentes.

Esa es una de las agujas punzantes que lacera nuestra débil democracia: la arbitrariedad en la aportación al erario público y su lacerante distribución de los bienes comunes.

Pero, hay más espinas agudas y rojas en este monte de espinos que configura el intrincado bosque de esta trama compleja y estratificada de nuestras administraciones. Hasta 4 y, a veces, 5 superpuestas prebendas administrativas:

La básica y más próxima al ciudadano, la constituyen las administraciones locales: los ayuntamientos

Las diputaciones, en las autonomías pluri-provinciales, se dan casos de auténtico histrionismo y, en todos, de un anacronismo sin justificación, hoy, alguna. Situaciones como la Diputación de Castellón, cuyo poder y/o presidencia la ha ostentado la misma familia y apellido por más de un centenar de años continuados en el tiempo. Y, una segunda situación, por no alargarnos en el argumento probatorio, se trata de la Diputación de Orense que da cobijo a más «funcionarios» que la propia Xunta Xeneral de Galicia.

En tercera posición, en esta carrera de obstáculos para los intereses del pueblo llano, y con poderes transferidos en algunos casos en casi la totalidad, emergen las Autonomías con sus singularidades y desigual trato a los ciudadanos según el punto geográfico donde tengan su residencia. La democracia en estado de emergencia, atacada en su línea de flotación.

Y, ahora, vamos a Madrid. Allí están: La Moncloa, La Zarzuela, El Senado, El Congreso de los diputados, El Tribunal Superior de Justicia, El Constitucional, y…, hasta «El palco del Bernabeu». Aquí, sí, en este último, sí se corta el bacalao. Aquí sí se acaba de agostar definitivamente la democracia. (¿Quién o quienes la regarán?). Aquí (llegados a este extremo),  hemos puesto el carro por delante de los bueyes:

-   La justicia es tan lenta, que ya no ejerce como tal.

-   El Tribunal.., sus miembros están nombrados a dedo por los principales partidos.

-   El Senado no es territorialL. Se convierte, por tanto, en un retiro de elefantes a mesa puesta, sueldo mensual asegurado y pensión vitalicia. Y, ¡qué pensión!

-   Los leones, Las Cortes. ¿Qué han sido hasta ahora?: rodillo, rodillo, rodillo.

¿Cómo van a ser nuestros políticos intérpretes fieles de la democracia que reside en el pueblo?  

La democracia es un escaparate (El Sr. Montoro a la salida del Congreso 12´40 3/07/2017)

Si nuestros máximos dirigentes como el Ministro de Hacienda tiene ese concepto de la democracia a qué palo se va a agarrar el ciudadano de a pie

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