Pendientes del PSOE


Lo dicen y lo repiten analistas acreditados. Pedro Sánchez se ha convertido en el líder del PSOE con más libertad de acción que cualquier predecesor, ya que no tiene ningún contrapoder, ninguna cuenta que rendir por sus reiterados fracasos pasados y ningún incómodo control orgánico. Ahí están los datos que lo reflejan. Nunca en la historia del PSOE una comisión ejecutiva contó con tan escasos respaldos y, a la vez, fue tan uniforme. Pero así es ahora. El jefe dispone de todos los resortes del poder y los perdedores ya saben lo que tienen por delante: resignarse y someterse o... ¿apagarse?

No hay resistencia posible frente a la aclamación unánime por unos pocos miles de militantes, suficientes para amparar e imponer el nuevo lema de Sánchez: «Somos la izquierda». Porque ahora manda la militancia y esto es justo lo que Sánchez le pidió que le mandase. Con un claro objetivo: desalojar al PP con los votos socialistas, más los que pueda rescatar de Iglesias.

¿En dónde va a desembocar la osada operación de nuestro atípico planificador? ¿En otro desastre? ¿O en una derrota del PP, tocado por la corrupción? Ni se sabe. Porque ahora lo que crece es la incertidumbre y, con ella, la desconfianza. Es un buen momento para los que gustan de jugar a las adivinanzas o apostar en los mercados de futuros. Porque no se puede descartar casi nada. Alfred Hitchcock lo dijo con claridad: «Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense». Y en ese suspense están nuestros políticos y estamos nosotros. Literalmente atrapados.

Algunos osados nos hablan del porvenir como si ya lo hubieran visto, pero no es así. La realidad es que lo desconocemos y nos preocupa. Lo más que podemos decir, sin miedo a errar, es una frase célebre de Woody Allen: «Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida». Es de lo único que podemos estar seguros entre tantos líderes dispuestos a gobernarnos y que dicen tener soluciones sencillas para nuestros problemas, por complejos que sean. ¡Incluso para el desvarío catalán! Para temblar.

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