La apisonadora del Estado


La fuerza del Estado. ¿Qué digo? La apisonadora del Estado. Ayer, mientras la opinión publicada saboreaba el descenso del independentismo catalán, el Gobierno pasaba de celebraciones y daba un puñetazo en la mesa: si quieres, Puigdemont, celebrar un referendo, págalo. Y acordó exigir a la Generalitat una rendición semanal de cuentas para comprobar en qué gasta el dinero de los contribuyentes. Y si no hay esa rendición de cuentas, amenaza con la bomba atómica: podría suspender las ayudas del FLA, Fondo de Liquidez Autonómica. Es el gran gesto de autoridad de Rajoy; la prueba de que tienen razón los independentistas cuando acusan al Gobierno central de que los ataca por tierra, mar y aire; la complacencia a los sectores más duros de la sociedad que reclaman más contundencia ante la frívola alegría del anuncio de la República Catalana; un «hasta aquí ha llegado la broma».

 ¿Por qué hace esto el Gobierno, si siempre mantuvo que el Fondo de Liquidez no se tocaba como réplica al independentismo? Porque tiene indicios de que la Generalitat está desviando dinero a la preparación del referendo. Tiene, sobre todo, evidencias de que el Gobierno catalán está haciendo una triple trampa: por una parte oculta decisiones para no provocar recursos e impugnaciones; por otra, esconde responsabilidades personales para evitar la inhabilitación de cargos públicos; y finalmente, se dispone a pagar las urnas y demás gastos con dinero de los Presupuestos destinado a otras funciones y tareas. Todo es una trampa, que en su día fue anunciada por Artur Mas al atribuirse a sí mismo una astucia capaz de engañar a todo el mundo. A la gobernanza con trampas se le responde como se había anunciado: «con todas las armas de que dispone el Estado».

Cristóbal Montoro se va a poner el traje de los hombres de negro. De alguna forma, esta es una intervención de la autonomía sin necesidad de aplicar el artículo 155 de la Constitución. Y, por parte de la Generalitat y sus apoyos políticos, dispongámonos a una lluvia de demagogia como se han visto pocas. Dirán, si no lo han dicho ya, que se cercena el autogobierno. Replicarán que todo es una disculpa para ahogar financieramente a Cataluña. Alegarán que se castiga al pueblo catalán, que se vulneran sus derechos, que se le quiere someter por la vía del bolsillo, que jamás hubo una agresión tan antidemocrática, y que ante ello ya es urgente proclamar la independencia… Estamos tan acostumbrados a ese discurso, que resulta fácilmente previsible. Yo solo hago este comentario: si el Gobierno catalán dedica el dinero a lo que dice en el Presupuesto, no tiene nada que temer; pero si engaña, falsifica y hace trampas, el Estado actúa en legítima defensa.

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