Territorio comanche


Llevamos unas jornadas maratonianas despellejando a Ángel María Villar a raíz de su detención, y posterior ingreso en prisión, por esa práctica tan habitual en nuestro país llamada corrupción, y no reparamos en ver lo que se esconde detrás de él y su retoño. No es solo Villar, es el fútbol. Villar no es un caso aislado, que diría el presidente Rajoy; es la cabeza visible, el guía de un conglomerado de negocios repleto de irregularidades, sospechas y certezas. 

Porque el fútbol español es Villar sobre todo. Pero también lo son Del Nido, Rosell, Lendoiro, Lopera, Messi, Neymar, Ronaldo, Peterman, Laporta, Bartomeu. Los presidentes del Barcelona llevan 36 años teniendo problemas con la Justicia. El fútbol es un negocio marcado por la barra libre donde cada uno hace lo que le viene en gana sin tener que dar mayores explicaciones. Es un territorio comanche en el que resulta casi imposible adentrarse.

Han caído Villar y Villarín después de que los medios -La Voz fue uno de los más combativos- se hartasen de relatar y demostrar todo tipo de prácticas corruptas; mal uso del dinero público, ayudas ilegales, cuentas trucadas, prevaricaciones, tráfico de influencias; en fin, de todos los delitos recogidos en el Código Penal. El fútbol en España, como en muy pocos países del planeta, alcanza unos índices de prácticas indecentes que en cualquier otro lugar serían un escándalo.

Ahora que Villar y Villarín van a quedar fuera del negocio bien estaría que afrontásemos de una vez la desinfección y limpieza de este deporte que hace tiempo que dejó de serlo para convertirse en un entramado de intereses donde lo menos importante es la competición. Claro que lo mismo tampoco interesa mucho porque a ver si entonces en vez de discutir toda la semana del gol ilegal del Carabanchel nos da por hablar de corrupción, paro y miserias.

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