Las tres justicias del señor Rajoy


Como siempre que se señala una fecha lejana, parece que nunca llegará. Pero todo llega y será mañana, a las 9.30 horas, en la sede de la Audiencia Nacional en un inhóspito lugar de San Fernando de Henares. El presidente lleva varios días concentrado para preparar su declaración. Ya sabe lo que tiene que decir: que fue él -y no otra persona- quien limpió al Partido Popular de las corrupciones de la Gürtel porque prescindió de los servicios de Francisco Correa, el hombre que estaba más en la sede de Génova que en su propia empresa. Pero hay algo que le quita el sueño al presidente: lo que preguntarán los abogados de las acusaciones. No es que no sepa responderles. Es que todos saben que la declaración se transmite en directo y querrán tener sus minutos de gloria. Para un letrado es una fastuosa oportunidad y la Moncloa teme lo peor: que la formulación de esas preguntas, posiblemente muy duras, dejen al señor Rajoy marcado por la duda. Por la duda de los ciudadanos sobre su honor.

Ante esa perspectiva, ¿cómo no preparar minuciosamente la declaración? Para él, para su partido, para el Gobierno y seguramente para el conjunto del país es más importante que un Debate sobre el Estado de la Nación. En esos debates se dirime el liderazgo, el suyo y el de sus adversarios. En una declaración judicial, aunque sea como testigo, se dirime eso que se está diciendo del «partido más corrupto de Europa» o el calificativo de «jefe de una banda organizada de corruptos» que con tanta osadía e impunidad le dedican los líderes populistas e independentistas.

Si este cronista estuviese entre los asesores del señor Rajoy, le diría que hace bien en preocuparse por el contenido de la declaración y los abogados. Pero preocúpese, sobre todo, por lo que ocurrirá en el minuto siguiente: cuando los informadores escriban sus crónicas y proclamen la inocencia palmaria del presidente, elogien su transparencia o se dediquen a dejar peligrosos espacios a la sospecha; cuando los políticos de la oposición digan lo que desean decir y no lo que han visto y repitan lo que vienen repitiendo desde que Rajoy fue citado por el tribunal; o cuando los analistas creadores de opinión dicten su particular sentencia al estilo que se sufre en las tertulias: no faltarán quienes vean que el presidente entró en la sala como testigo y salió como imputable.

Es que, cuando se entra en territorios políticos, hay varias justicias: la Justicia de los jueces, la justicia de los partidos y la justicia mediática. Solo la primera puede meter a alguien en la cárcel, pero las otras dos aplican penas terribles, entre ellas la pena de muerte de imágenes públicas y honras personales. Ese es el auténtico riesgo del señor Rajoy.

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