El enemigo no está en la explanada


No sé si creer en las casualidades, pero sí sé que existen las causalidades. Por ello, resulta evidente que el último levantamiento palestino contra el uso de detectores de metales -retirados finalmente ayer por Israel- para entrar en la explanada de las mezquitas no es espontáneo. Aunque los rifirrafes entre palestinos e israelíes nunca han cesado, lo cierto es que, desde la irrupción del Estado Islámico en el escenario de Oriente Próximo, estos perdieron relevancia mediática. La guerra civil siria, la crisis de los inmigrantes, la ocupación de Mosul por parte del EI, así como los terribles atentados que han tenido lugar en Alemania, Bélgica, Francia, el Reino Unido e Irak, entre otros, lograron lo que siete décadas de lucha no habían conseguido: relegar a un segundo plano a los palestinos. Pero ahora que, por fortuna, llevamos unas semanas sin atentados, que Mosul ha sido prácticamente liberada del Estado Islámico y este se bate en retirada en Siria, los palestinos han sentido que pueden volver a poner su causa en primera línea de los medios de comunicación. No es, por lo tanto, casualidad que el retroceso en el protagonismo del EI haya sido reemplazado por el de Hamás mediante un ataque mortal a tres colonos israelíes. Tampoco es casualidad que solo cuando Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina, comenzó a ser cuestionado por los suyos se lanzara a protestar contra los israelíes.

 No seré yo quien niegue la terrible desgracia en la que viven los palestinos. Pero, sobre todo, siento conmiseración porque su mayor enemigo no vive al otro lado de la muralla, sino que son los corruptos que los gobiernan, tanto en Gaza como en Cisjordania; los fanáticos islamistas de Hamás, que los mantienen atrapados con engaños y sometidos a una pobreza irracional; y aquellos, incluyendo a todos los países árabes, que pudiendo haber logrado la paz y solucionado el conflicto lo han mantenido vivo para su propio beneficio.

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