Poca normalidad


La declaración que hoy prestará el presidente del Gobierno ante la Justicia ha sido presentada por el propio Rajoy como un acto de normalidad democrática. Y así lo entendimos una gran parte de los ciudadanos hasta que responsables del partido cuyas malas prácticas se juzgan y de la Judicatura se han empeñado en advertirnos que estamos ante todo un acontecimiento excepcional que nada guarda de normalidad en una democracia.

 Se empeñaron en que el presidente declarase desde la Moncloa y por plasma. Y trabajo costó hacerles entender que debía estar en la sala. Lograron que no ocupara el lugar de los que intervienen como testigos; parece ser que para que no apareciese en la misma foto con Bárcenas y Correa, como si no hubiese fotos y testimonios suficientes de su relación. Consiguieron que no estuviese en una silla situada en un plano inferior a la del jurado, al tiempo que la Fiscalía ya anunció que no está muy interesada en plantear preguntas al testigo. Y, por si todo esto no fuese síntoma de normalidad democrática, si nadie lo remedia, el presidente de la Audiencia ejercerá de sirviente y saldrá a abrir la puerta del coche a Rajoy, acompañándolo hasta la sala de vistas.

Lo que debía ser un hecho de normalidad democrática lo han convertido en una cuestión inusual. Si el tribunal aseguró que citaba al presidente Rajoy en calidad de ciudadano, debería tratarlo como tal. Que nos imaginamos que no habrá nada denigrante en el trato diario de la Justicia para, llegado este caso, tener que hacer llamativas e incomprensibles salvedades. Una vez más, se empeñan en demostrar que no todos somos iguales ante la ley. Sin importarles que con excepciones como la de hoy dañan al presidente Rajoy, que fue quien nos habló de normalidad democrática; a su partido y, por supuesto y lo que es peor, se deteriora a la Justicia. Más de lo que ya está.

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