«Haga algo por los trabajadores»


Fue un día feliz para el Gobierno. La EPA del segundo trimestre era una de esas estadísticas que permite sacar pecho, porque el paro había bajado de forma contundente. La política económica o la buena estrella de Rajoy se encargaba de darle el consuelo que necesitaba después del trago de declarar en la Audiencia Nacional. Así que el acontecimiento no podía pasar desapercibido y se organizó el calendario a mayor gloria de los gobernantes: el miércoles, después de la Audiencia Nacional, acto de partido para hablar de violencia de género; el jueves, EPA, que se esperaba magnífica y le daba al presidente la oportunidad de comunicar su alegría; y hoy, viernes, rueda de prensa de cierre de curso, que servirá para cantar sus propias alabanzas, con el empleo como celebración estrella. La estrategia de comunicación funciona.

Funciona tanto, que alguien tuvo la ocurrencia de hacer un vídeo que equipara la victoria sobre el paro con la llegada del hombre a la Luna y con el derribo del Muro de Berlín, entre otras hazañas de la Humanidad. Nadie puede acusar a este Gobierno de ser parco o modesto en sus celebraciones. Nadie puede reprocharle que deja pasar los grandes datos (los que le benefician) sin hacerles grandes fastos. Nadie puede decirle que dirige España desde la contención en la expresión de sus logros.

Lástima que, una vez más, se haya cumplido aquello de que «hace un buen día, ya vendrá uno que lo joda». Y ese uno fue el viejo sindicalista de Comisiones Obreras Joaquín Navarro, un luchador que recibió su Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, se puso al micrófono y le dijo a Rajoy: «Haga algo por los trabajadores». Se lo dijo cuando el presidente confesaba la felicidad que le había producido la EPA. Supongo que el presidente sintió ganas de apretarle el cuello, de replicarle para aplastar su mensaje, de decirle aquello de «lo mejor que se puede hacer por los trabajadores es lo que hace la derecha, que es darles un puesto de trabajo».

Pero se calló el presidente. Se tuvo que callar y poner la mejor de las caras, porque un anfitrión no discute con sus invitados. «Cosas de sindicalistas», habrán dicho sus asesores. Pero miren ustedes: algo de razón tiene el veterano Joaquín Navarro, a quien recordamos de tantas protestas y detenciones. Es la razón de quien rasca la estadística y encuentra el porcentaje de contratos temporales. Es la razón de quien conoce los salarios que se pagan aprovechando los estados de necesidad. Es la razón de quienes no se conforman con los números porque los números son fríos. Es, en fin, la razón que le cuesta entender al gobernante, porque él cree sinceramente que la reducción del paro es comparable al derribo del muro de Berlín.

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