Salir vivo


Algunas crónicas y editoriales coincidieron en afirmar que Mariano Rajoy salió vivo de los interrogatorios a los que fue sometido en calidad de testigo en la Audiencia Nacional por el caso Gürtel. ¿Esperaban acaso que saliera muerto, imputado o directamente esposado en dirección a Soto del Real? Claro que no. Lo que pasó el pasado miércoles fue lo esperado. Rajoy negó cualquier responsabilidad en las cuentas del PP, incluso de las campañas electorales que dirigió, a pesar de ser su máximo dirigente. Esa fue su discutible línea de defensa que, según ciertos cronistas, tertulianos y columnistas, le permitió salir vivo. Pero lo cierto es que no supo explicar de forma convincente los SMS a Bárcenas; por qué este le incluyó en sus papeles como receptor de sobresueldos, si Rajoy dice que no los cobró; por qué Correa siguió trabajando para el PP en las comunidades valenciana y madrileña después de que le echara de Génova; o quién le pagó al presidente el viaje familiar a Canarias. ¿Es eso salir vivo? Desde luego no políticamente. Pero hay que reconocer el arte de algunos exégetas para convertir en una victoria la primera comparecencia de un presidente del Gobierno ante el tribunal por un grave caso de corrupción que afecta directamente a su partido, lo que representa un desdoro. Puede que incluso el PP haya estado tentado de convertir su deposición judicial en otro momento estelar de la Humanidad, como la llegada del hombre a la Luna, la caída del Muro de Berlín o la disminución del paro protagonizada por el héroe de nuestros tiempos, según el desopilante vídeo del PP para celebrar la EPA, que supera todos los límites del ridículo. ¿Con qué lo compararía si lograra bajarlo del 10 %? ¿Con la creación del universo?

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