Diálogo de sordos


El Constitucional está perdiendo el tiempo. Puede dictar las resoluciones que quieran sus miembros; puede amenazar, suspender y hasta reñir, que todo lo que haga o diga cae en saco roto. Porque, a estas alturas, ¿alguien se cree que quienes lideran la declaración de independencia en Cataluña van a escuchar algo de lo que les diga el tribunal? 

Es más. Algunos nos atreveríamos a decir que cada vez que los tribunales se pronuncian en contra de la hoja de ruta independentista, el compañero Puigdemont y su cuadrilla lo celebran como cuando el Barça gana la liga. Me gustaría conocer el alborozo con el que recibieron ayer tarde el pronunciamiento contra la reforma del reglamento para facilitar por vía exprés la aprobación de las leyes de desconexión.

Hace tiempo que el Gobierno tenía que haber entendido que solo con los tribunales no se pacifica el avispero. Algunos lo venimos diciendo desde el primer día y no es que seamos más listos que el presidente Rajoy; es que somos más realistas y sabemos que un conflicto de estas características se aviva cada mañana que se imparten normas que van en contra de su proceder. Porque han entrado en una huida hacia la nada de la que ya no pueden apearse.

Hace ya tiempo que sabemos que este es un diálogo de sordos que a nada conduce. Dentro de un tiempo los diccionarios definirán el diálogo de sordos como partida de pimpón entre un señor que no se entera de que las leyes están para cumplirlas y otro señor que tampoco se entera de que el anterior señor pasa del Constitucional, que, por cierto, urgió al diálogo político para abordar el desafío.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Diálogo de sordos