Por un puñado de dólares


La abulia estacional de la programación veraniega produce fenómenos que no creeríamos. En la zozobra de no saber en qué canal dejar de apretar el botón del zapping, el espectador es capaz de desenfundar por una vez su revólver y elevar a La 2 a marcas de audiencia históricas, como ocurrió esta semana con Por un puñado de dólares, clásico del spaguetti-wéstern con el que Historia de nuestro cine batió su récord.

El bajón veraniego es el momento que muchos aprovechan para ponerse a dieta de tele y hacer un menú selectivo. Ayuda mucho a ello el consumo a la carta, ya sea a través de las webs y aplicaciones de los canales generalistas, donde se pueden recuperar los programas perdidos, o por medio de las nuevas plataformas de suscripción, que están fragmentando la audiencia hasta reducirla a la mínima expresión. El recién publicado informe anual Ofcom del mercado británico de las comunicaciones revela que ocho de cada diez personas aprovechan las ventajas de la tecnología para ver contenidos audiovisuales a su propio ritmo. Casi la mitad de los encuestados ven a diario un programa o un episodio en los diferentes dispositivos a su alcance y lo hace totalmente solo, lo que constata el declive del televisor como punto de encuentro familiar para dejar paso a llaneros solitarios voraces que no se conforman con un solo episodio.

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