El síndrome G

Emmanuel la lía


No. No piensen en la sensual Sylvia Kristel, Emmanuelle. Qué tiempos. La oprobiosa nos la vetó en su día. Advino en 1979. Me intenté colar junto con mi panda del instituto en el Salón Teatro compostelano y me pidieron el DNI. Aún no lo teníamos. La cola era impresionante, sobre todo de bigotudos con pantalones Lois de campana. No. Aquí me refiero al otro Emmanuel. Macron. Ya saben qué significa Emmanuel: Dios entre nosotros. Para los devaluados manolos hispanos que un galo haga gala de este nombre es todo un soplo de orgullo. Desde que Emmanuel es nuestro salvador ya no me interesa otro más moderno en una futura vida terrenal o extraterrenal. Manuel mola.

Pero Emmanuel no es Dios y, por tanto, no es omnisciente ni omnipotente. Ni tampoco la flamígera llama se ha posado sobre su cabeza, ungiéndolo con divina sabiduría. Perdón por el pleonasmo. Él, Emmanuel, lo ignora, pero así es. En la cumbre del G20 de Hamburgo, un pérfido cronista le preguntó que qué opinaba de un Plan Marshall para África y Emmanuel contestó sin despeinarse que eso no valía para nada, porque el problema africano es -ojo al término- «civilizacional». ¿Y qué quiere decir esto? Pues, según Emmanuel, que como las africanas tienen siete u ocho rapaces per cápita, jamás van a progresar con unos miles de millones de euros.

Hombre, Emmanuel. Muchas señoras de África, sobre todo musulmanas, tienen tantos churumbeles porque están subyugadas como no han estado las europeas desde la Primera Guerra Mundial. Además, tienen vedados los anticonceptivos. Y, por si fuera poco, sus hijos son la única Seguridad Social que conocen para la vejez. ¿Quieres ayudarlas? Pues prioriza a las mujeres. Dales visas preferentes de entrada en la UE para que puedan capitalizarse y regresar a sus pueblos con un dinero que las hará líderes en sus comunidades. Invierte en los orfanatos de niñas o promueve su adopción europea para que no caigan en el circuito infernal. Pero, Emmanuel, culpabilizar a las mujeres africanas del desastre de esos países no es justo ni honesto. Fomenta que surjan millares de Emmelines Goulden-Pankhurst y todo mejorará.

En la francofonía africana se montó el lío. Dicen que Emmanuel es un criptorracista y que como no tiene hijos se cree que todos deben ser como él, primer presidente Kinderlos de la V República, ya que Pompidou al menos adoptó un rapaz. Pompidou, por cierto, también exempleado de la banca Rothschild. Macron es lo mejor que nos ha podido suceder en Europa, visto el desolador panorama circundante, pero criticar de esta forma sin ofrecer soluciones resulta impropio de una persona tan culta e inteligente. No se puede presumir de leer a Baudelaire y posar en la foto oficial cual emperador con Stendhal, Gide y las Memorias de guerra de De Gaulle para luego soltar esta pifia o butade sobre las del todo admirables señoras africanas, como las malgaches que reclutaron para los célibes paisanos bretones. Je me souviens, me acuerdo, como los quebequenses.

Muchas señoras de África tienen tantos churumbeles porque están subyugadas como no han estado las europeas desde la Primera Guerra Mundial. Además, tienen vedados los anticonceptivos

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