Gran festival del circo


Si alguna mínima razón asistía a las clases dirigentes que lideran el desvarío catalán, ayer hicieron méritos más que suficientes para perderla. Porque no se puede actuar con menos tacto; no se puede dar una imagen más ordinaria y menos respetuosa; no se puede vulnerar la legalidad con tanto descaro y no se puede ofrecer un espectáculo tan patético, que llegó a ser dramático por momentos, como el que ayer ofrecieron. Con la ayuda de los otros.

Si no fuera por el escenario que tanto respeto merece, pensaríamos haber asistido al gran festival mundial del circo. Porque de todo hubo. Y actuando con el desparpajo y la insolencia impropia de unos representantes populares.

Tienen todo el derecho los gobernantes y diputados independentistas catalanes a serlo. Y a tratar de hacer realidad sus sueños y los de quienes los apoyan y los votan. Pero no pueden hacerlo a la brava. Porque una mayoría parlamentaria no autoriza a despreciar las mínimas normas de convivencia, romper los consensos e incumplir las normas; abroncar a los opositores, hacer trampas, cambiar el orden del día, mostrar malos modos, amenazar; editar normas a escondidas y despreciar y ocultar los informes del propio Parlament. Una antología de autoritarismo, que es lo que hicieron ayer. Se pueden tomar decisiones que resulten inaceptables para una mayoría, pero siempre guardando las formas y las normas de convivencia. Lo hacen incluso los más déspotas de países exportadores de bananas.

El dislate fue antológico. De los que marcan época. La comunidad internacional, esa que está ansiosa por recibir con los brazos abiertos a una Cataluña independiente, rica y libre, habrá tomado nota. No de la aprobación de la ley del referendo, sino de la falta de garantías democráticas. Y con estos modales quieren caminar solos por el mundo.

Lo peor es que el espectáculo continúa porque el de ayer ha sido solo un festival circense más. De carácter mundial, eso sí. Y, claro, ante lo visto, ante el talante evidenciado; el presidente Rajoy, como siempre, aguardando a que le hagan el trabajo. Aunque cierto es que los otros ya se suicidan solos. No necesitan ayuda.

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