Política sin escala de valores


Otro día trascendente para la unidad de España o, rebajando el nivel, para mantener el imperio de la legalidad de todo Estado de derecho. La apisonadora del poder central sigue funcionando de acuerdo con las previsiones y el Constitucional suspendió la ley de transitoriedad jurídica. Al mismo tiempo, el fiscal le encarga al jefe operativo de los Mossos d’Esquadra que requise las urnas del referendo. Y así se seguirá hasta el día 1 de octubre o ya veremos hasta cuándo, si se consuman las amenazas de movilización y protesta social, que nos situarían en un escenario no solo de desobediencia, sino de rebeldía. 

Por la parte catalana se responde también según lo previsto. De momento, su Gobierno se niega a publicar en el Boletín Oficial la suspensión de la ley del referendo, porque entiende que no hay nada por encima de la Cámara de representantes del pueblo. Quedó claro en la Diada que los independentistas ya no aceptan otra legalidad que la suya, como si la del Estado hubiese desaparecido. Y, respecto a la policía autónoma, que tendrá un papel fundamental en la transición pretendida hacia la república independiente, el portavoz Turull dice que es el Gobierno catalán quien manda en los Mossos, y no el funcionario Trapero.

Todo se está moviendo en Cataluña, al menos por la parte soberanista, fuera de la ley. Y no es que la ley se olvide; es que existe una voluntad confesa y puesta en práctica de ignorarla, incumplirla y ponerse en contra de ella, por ser un instrumento de opresión de un Estado no democrático, que niega derechos fundamentales de los ciudadanos. Esa es la dialéctica que han puesto en circulación y, al parecer, con gran eficacia entre los separatistas convencidos.

Por si faltara algo en el deprimente cuadro, aparecen los nacionalistas vascos y condicionan su apoyo a Rajoy al trato que el Gobierno dispense a Cataluña. ¿Pretenden, acaso, que el Gobierno ceda a las pretensiones de una consulta que quizá sea necesaria, pero que es ilegal con el ordenamiento vigente? Y hay determinados partidos -el PSOE y Podemos entre ellos- que no dudan en hacer culpable al mismo Rajoy del agravamiento del conflicto. ¿No se podría intentar una tregua, rebajar el nivel del juego de poder de los partidos ahora que la caldera está a punto de reventar?

No pido que se adhieran al apoyo que pide Ciudadanos. Pido que gran parte de nuestra clase política demuestre que tiene sentido de la oportunidad política. Y pido, sobre todo, que tengan clara la escala de valores. Lo que ahora está en juego no es el asalto a los cielos de Pablo Iglesias ni la ocupación de la Moncloa, sueño dorado de Pedro Sánchez. Lo que está en juego es la unidad nacional. ¿Tan difícil es de entender?

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