Atención al nuevo rumbo: culpar a Rajoy


Cuidado, presidente Rajoy: van a por usted. Por usted y por el Partido Popular. Se percibe el nacimiento (y el crecimiento) de un estado de opinión sencillo y fácil de vender: el culpable de la situación de Cataluña es Mariano Rajoy. Fue culpable en un principio por no haber ofrecido eso tan difuso que se llaman «soluciones políticas», como recordó Pedro Sánchez este domingo. Siguió siendo culpable por no haber propiciado un diálogo que era imposible, pero carga de razones a los líderes soberanistas ante su exaltado público. Es culpable ahora por utilizar a los fiscales para aplicar medidas de autoridad.

Por si faltase algo en el aquelarre, aparece Nicolás Maduro, dice que Rajoy mete en la cárcel (sic) a 700 alcaldes, compara el referendo prohibido en Cataluña con el que él autorizó en Venezuela, y sentencia dictada: el dictador es Rajoy.

Y el último en apuntarse a la corriente ha sido Pablo Iglesias.

Por el otro lado también hay indicios de acoso. Se detecta en quienes sostienen que se está permitiendo demasiado a los independentistas y que había que haber puesto en marcha todos los mecanismos, incluido el de inhabilitar a los cargos públicos de la insumisión y el desafío o el de aplicar el artículo 155. Todo eso está en los periódicos de los últimos días y es una parte del clima de acoso que los servicios de la Moncloa habrán detectado y con más información que este cronista. La frase «Rajoy se la juega» está en las conversaciones privadas y hay quien sostiene que la convocada votación del día 1 será un desahogo contra el PP tanto como un ejercicio del invocado derecho a decidir.

Ese estado de opinión tiene algo de justicia y mucho de injusto. Tiene de justicia la verdad de que al Gobierno le faltó percepción de lo que se estaba preparando y capacidad de previsión de lo que podría suceder. Y le faltó, sobre todo, un discurso que fuese más lejos que la pura apelación a la legalidad vigente. Lo hemos escrito infinidad de veces y no es preciso insistir. Y tiene de injusto que, si hay algún culpable de la ruptura de España, no es quien trata de frenarla, sino quien la provoca. Esto es como culpar a la policía de los delitos que cometen los delincuentes.

Pero a las opiniones también las carga el diablo. Hay mucha clase política (y no política) que ve una oportunidad de oro para que la crisis abierta en Cataluña produzca un efecto tan sorprendente como el cambio de Gobierno de la nación. Mi duda es si los mismos que fomentan ese desenlace dirán lo contrario si se demuestra que la actitud de Rajoy está siendo la más prudente y la más inteligente. Y mi temor creo que es razonable: a ver si las ansias de algunos de echar a Rajoy se anteponen a la necesidad de mantener la unidad nacional. En este país todo puede ocurrir.

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