Los daños colaterales


En cualquier conflicto que se produzca, por muy liviano que sea, hay que contar siempre con que se ocasionarán daños colaterales. Y aunque es un término utilizado por los ejércitos para definir el perjuicio accidental o no intencionado que ocasiona una operación militar, tras tantos encontronazos lo hemos trasladado a la vida diaria porque raro es el día en que no nos tropezamos con ellos.

El barullo catalán está causando serios daños colaterales en los partidos políticos, que bastante tenían ya con los conflictos que ellos mismos originaban. Ciudadanos y PSOE están molestos con el PP y viceversa porque aunque en lo básico se muestran de acuerdo, existen diferencias que se antojan insalvables. Socialistas y Podemos vuelven a las hostilidades pasadas a cuenta de cuál es la mejor salida para Cataluña. En el PDeCat afloran diferentes posturas sobre hasta dónde llegar y el excesivo protagonismo de Puigdemont. No todos los populares están conformes sobre cómo Rajoy y el Gobierno han llevado la contraofensiva. Y Pablo Iglesias escucha voces discrepantes por las alianzas establecidas en el territorio sublevado.

Es tanto el ruido que produce el enfrentamiento entre el Govern y todas las defensas fiscales y judiciales establecidas por el Gobierno, que quizás se nos esté pasando desapercibido el daño que el procés puede hacer en las formaciones, que ya no venían gozando de buena salud. Precisamente ahora, cuando más se necesita de la unidad, los partidos muestran su debilidad atendiendo a asuntos menores sin reparar en lo importante.

Los españoles en general y los catalanes en particular no vamos a ser capaces de salir indemnes de este conflicto. Sea cual sea el resultado final. Pero quienes pueden quedar más afectados son los partidos, que a este paso van a padecer serios estropicios. Unos daños colaterales que pudieron evitarse.

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