Las «manos sucias» de Rufián

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La frase original era: «Saca tus sucias manos de nuestro plato». Mucho tiempo después, cuando apareció Nicolás Maduro y se lo dijo al presidente de Estados Unidos: «Saca tus manos cochinas de Venezuela, Donald Trump». Y un alumno aventajado de Maduro, el diputado Rufián, se lo espetó ayer a Mariano Rajoy: «Le exijo que saque sus sucias manos de las instituciones catalanas». Lo dijo como si tuviera autoridad para hacerlo. Miré la cara del presidente y no movió ni un músculo. No hizo ni un gesto, como si tuviera previsto ese excremento dialéctico. El diputado Rufián debe de pasar toda la semana pensando un gesto o una frase para ser el protagonista de la sesión de control.

Hay que reconocerle la habilidad de conseguirlo, aunque sea lo más fácil del mundo: en el Parlamento español -supongo que en todos- basta un insulto o un gesto escabroso para que las televisiones lo difundan en el siguiente telediario. Si eso se acompaña con un ostentoso abandono de los escaños, tiene la fuerza de un discurso de altura. Pero lo malo no es eso, que el refrán ya dijo que no ofende quien quiere, sino quien puede. Lo malo es que las barbaridades de esos provocadores antisistema encuentran seguidores entre los ciudadanos. Y muchos no habrán identificado a Rufián con su apellido, sino con el valeroso parlamentario que le dice al jefe de Gobierno las verdades que nadie se atreve a decirle.

Hecha esta anotación, dejen caer ustedes la frasecilla en medio de lo que pasó ayer en Cataluña: 41 registros de la Guardia Civil en dependencias de la Generalitat; 14 altos cargos, el núcleo duro del 1 de octubre, detenidos; unos 10 millones de papeletas de votación incautadas; un Puigdemont que habla de estado de excepción y afirma con descaro que el Estado «ha suspendido de facto el autogobierno de Cataluña»; unos manifestantes que complementan el dicho del diputado gritando a la Guardia Civil y al estilo batasuno «fuera las fuerzas de ocupación»… Sí, dejen ustedes caer la frasecilla en medio de ese ambiente ¿y qué ocurre? Que se convierte en un bidón de gasolina arrojado a un incendio. Y todos los días se arroja algún bidón de gasolina.

¡Qué grave responsabilidad la de estos representantes populares que, por unos segundos de gloria, ponen en riesgo la convivencia! ¿Y con esos señores se podrá hablar, si alguien tiene la iniciativa de convocar una mesa de diálogo? ¿Con esos señores que, a falta de argumentos para defender con nobleza y verdad la independencia de Cataluña, apuntan como argumento el dinero perdido del rescate bancario?

Este país está reclamando una movida ética que arrincone a los energúmenos, a los demagogos, a los exaltados. Quizá así se podría recuperar algo de sentido común.

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