El mejor Jordi Évole


Hay que darle las gracias a Jordi Évole por la entrevista a Puigdemont, aunque haya gente como Rosa Díez que ponga en duda la necesidad de hacerlas. Hay que hacerlas y hacerlas bien, tan bien como hizo Évole el domingo por la noche, que con su enorme documentación, con su conocimiento del personaje y de la realidad que le toca vivir diariamente consiguió que los espectadores conociésemos a quien gobierna en Cataluña de otro modo. Con la naturalidad que Évole le pone en la forma en que plantea cada cuestión por muy enrevesada que sea, y por el coraje con el que las plantea. Aun sabiendo que cualquier comentario que haga, cualquier rendija por la que se pueda deslizar su opinión va a ser utilizada en su contra. Por eso hay que darle también la enhorabuena, por la valentía de enfrentarse y de exponerse cuando ha estado sufriendo en su piel la tiranía de los que lo apuntan en una diana. En ese clima de tensión personal, Évole no se ha achantado, no. Solo ha hecho preguntas, las mejores preguntas para que el resto nos podamos aproximar un poco -solo un poco- a este sinsentido. De ahí que solo unas horas después de hacerse esta entrevista, la mayoría de nosotros hayamos encontrado la misma respuesta, aun teniendo ideologías distintas: «Es difícil, muy difícil entender a Puigdemont». Y eso que Évole nos ha hecho la mejor traducción posible.

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