Se acabó el juego


Pase lo que pase mañana, algo habremos ganado. Sobreviviremos con algún moratón, es inevitable, pero con la tranquilidad de saber que se ha acabado el juego de los secretos que nos ha traído de los nervios. Este juego, el del gato y el ratón, que vinimos padeciendo, impropio de unos líderes sociales y políticos y de dos gobiernos que se dicen responsables.

No vamos a perder ni un segundo en razonar que lo de mañana no es un referendo. Será una manifestación cívica con las calles a rebosar o será la fiesta del independentismo. Pero no es un referendo porque no cumple ni las normas que los mismos convocantes acordaron, establecieron y firmaron.

Esta ha sido una de las torpezas mayores de sus promotores. Empecinarse en considerar un referendo una juerga que desde el primer día sabían que no podía ser tal. Podían haberlo vendido como una expresión cívica de una reclamación masiva. Y torpeza ha sido también la del presidente Rajoy al asegurarle al país que no habría consulta, cuando por muy pocas urnas que se coloquen siempre será considerada un plebiscito.

Pero la torpeza y la irreflexión alcanzaron grados insoportables con ese juego de los secretos. Nos dijeron medias verdades y muchas mentiras en aras de no descubrir sus planes, si es que los tenían. Unos escondiendo la estrategia, las urnas y las papeletas y los otros ocultando la estrategia y a los policías detrás de Piolín. Ha sido una carrera de despropósitos en la que creyeron que ganaba el secretismo. Porque no saben que «la propia palabra secreto es repugnante en una sociedad libre», como dijo Kennedy solo horas antes de caer asesinado.

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