Y Gabino tiró y libró


Hace una pila de años, cuando Gabino de Lorenzo era el Sauron del ayuntamiento de Oviedo, subido al rodillo de hormigón de la mayoría absoluta, alguien de la tuberculosa oposición le interpeló sobre el continuo cachondeo administrativo, especialmente en lo que tenía que ver con adjudicaciones de obra: el chollo del siglo pasado. Y con todo su morro, él contestó que había aplicado el «TqL: Tira que libras». Así, como un chascarrillo que le reían las hienas de la hinchada, reconocía la prevaricación y no pasaba nada. Reconocía que las cosas se hacían a dedo (el suyo) y el papeleo se resolvía después como una cosa menor y bastante engorrosa, poco útil y no siempre imprescindible.

Al cabo de los años, fue emergiendo el vertiginoso coste que el famoso TqL tuvo para los ovetenses: el despropósito ruinoso de Villa Magdalena, el Tartiere, El Calatrava y El Vasco (en estos últimos dos casos con la colaboración de algún imbécil del Principado), por no hablar de las porcentualmente jugosas obras de la losa de Renfe y otras mamandurrias que llenaron unos cuantos bolsillos. Lo último es la bazofia arquitectónica de Rafael Beca, el 'arquitecto' de cabecera de Gabino, que a decir de las buenas lenguas se limitó a dibujar la inútil fachada de cartón piedra, si es que llegó a tanto, y encargó el interior a un estudio de verdaderos arquitectos. No obstante, no se preocuparon mucho de que en el auditorio debía entrar la gente y, lo que es más importante, salir en caso de incendio.

A menudo me quedo perplejo ante la extrema habilidad vulpina de De Lorenzo para librar de todos los marrones que les están cayendo, aunque sólo en una fracción de lo perpetrado, a sus antiguos enanitos: Reinares, Mortera, Luis Gómez, Rodolfo Sánchez y otros miembros del coro, muchos ahora juzgados y condenados y que en aquella época hacían y deshacían  bajo la batuta feroz de De Lorenzo. Porque nadie con dos dedos de frente, ni partidarios ni adversarios, se engaña en Oviedo: Gabino era el único que mandaba.

Está el paisano tan pichi, lejos del mundanal ruido, a prudencial distancia de los irritantes tribunales, en Benia de Onís o dondequiera que le sirvan ahora los whiskies, envejeciendo serenamente y de vez en cuando farfullando incoherencias en público. Y los demás lustrando banquillos con las nalgas, qué mataos. Aunque bien que lo cobraron en su momento.

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