El guion estaba escrito


¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? La gran pregunta. Y, sin embargo, el guion estaba escrito. Aunque sus autores separatistas se muestren sorprendidos y pesarosos ante lo sucedido en la jornada del 1-O. Aunque el Gobierno no se haya enterado a tiempo por una combinación de estulticia y cerrazón. Ahora algunos intentan vender una versión naíf de los hechos, una rebelión de claveles nacida del pueblo, un fenómeno grass-root, de espontáneas sonrisas. Se decía lo mismo del Tea Party mientras le llovían millones de dólares de los ultraconservadores hermanos Koch. El independentismo catalán hasta tiene a sus propios millonarios (ahí esta Roures, rey del fútbol y anfitrión de Pablo Iglesias). Todo estaba previsto. Ocurrió en Vic, en el 2014. «Cuando nos digan que esto es ilegal, hemos de mantener la convocatoria. Cuando la prohíban, la hemos de mantener. Porque, si nosotros enseñamos al mundo una imagen de colas de gente con una papeleta en la mano yendo a votar a una urna y el Gobierno español intentando impedir que voten, ya habremos ganado […]. Imaginemos que los que van a votar no son el 100 %, que son el 60 %. Y que el 40 % vota sí y el 20 % vota no. Cuando el resultado se hace sobre el conjunto de la participación, dos tercios han votado sí, un tercio ha votado no. El 67 % ha votado sí y 33 % ha votado no. Y eso es una victoria brutal [...]». El discurso es del 15 de mayo del 2014. El orador, Oriol Junqueras. El cartel del acto rezaba: «El camino hacia la independencia». No. No iba de democracia. Iba de independencia.

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