Policías-probeta para hacer inútil el 155

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Puigdemont, que parece un genio frente a la bisoñez de los poderes públicos centrales, o tiene mucha suerte o es un mago de la planificación de una estrategia de maldad. Los mecanismos de manipulación y las órdenes dadas a la Policía y a la Guardia Civil le sirvieron en bandeja la confirmación de uno de sus argumentos más perversos e injustos: España es la opresión. Para justificar mejor ese argumento los Mossos no obedecieron al juez y quedan como los polis buenos, los amigos y defensores del pueblo. Desde esa idea populista, el campo quedaba abonado para lo que vino después. 

Lo que vino después fue, primero, una sucesión de asedios que desembocaron en el penoso espectáculo de la chusma intentando obligar a los guardias a abandonar hoteles donde se hospedaban. Y segundo, el «paro de país» donde el primer huelguista fue el Gobierno catalán, al que no le importa que se corten medio centenar de carreteras y se produzca un enorme daño a la economía. Lo que le importa es que Cataluña siga exportando imágenes de barricadas y que luzcan en las portadas de la prensa europea las pancartas que gritan «fuera las Fuerzas de ocupación». Las fuerzas de ocupación son, como en los años de plomo del País Vasco, las policías españolas, que actúan en «territorio extranjero».

El nivel de paranoia es sublime. Pero no perdamos de vista una consecuencia: los miembros de esas policías, para gritar un «viva España», se tienen que refugiar dentro del hotel. El ministro del Interior los tuvo que visitar como la ministra de Defensa visita a los soldados en Líbano o Afganistán. Y hoy ocurre que esos servidores públicos tienen dificultades para hospedarse en Cataluña. Son los apestados. No pueden salir a la calle sin que les llamen fascistas. Y el Gobierno regional ampara la protesta con una complacencia que difícilmente podíamos imaginar. De esta forma, los ciudadanos de uniforme son utilizados de forma artera como instrumentos para la independencia.

Y apostilla este cronista: 1) Si las policías del Estado pueden ser expulsadas por el tumulto, estamos ante centenares de presuntos delitos de sedición. 2) Si no hay argumentos para combatir eso de «fuerzas de ocupación», tenemos un serio problema de comunicación de ideas. 3) Si existe ese problema, el Estado perderá todas las batallas ante la eficacia de sus adversarios. Y 4) Si hay multitudes dispuestas a acorralar a las policías españolas, ni se le ocurra al señor Rajoy aplicar el artículo 155 ni ningún otro mecanismo legal: no habrá quien los haga cumplir. Creo que eso es lo que se está ensayando: policías-probetas frente al 155. Y eso será la desaparición del Estado en territorio catalán. Mejor dicho: el remate de esa desaparición.

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