Un entretenimiento llamado mediación


De pronto apareció la palabra mágica: mediación. Y bastantes periodistas y políticos se pusieron a adorarla como si fuese el becerro de oro. Algunos la sacaron en procesión con una letanía: «Para que suplas la incapacidad de entenderse de Puigdemont y Rajoy»… Y los fieles respondían: «Te rogamos, Santa Mediación». «Para que no llegue a proclamarse la independencia unilateral…». «Te rogamos, Santa Mediación». «Para que se cumpla el deseo del Rey de restablecer el orden constitucional…». «Te rogamos, Santa Mediación». La mediación se convirtió así en la sustituta provisional del diálogo, la otra palabra mágica. Y en cuestión de horas prendió en el huerto de la opinión publicada como si de verdad fuese un descubrimiento. Como todo fenómeno seductor, inmediatamente aparecieron novios para la Mediación. El Barça, como ahora se dedica mucho a la política, tardó medio minuto en ofrecerse como mediador. Aparecieron los casamenteros: Urkullu, filósofos de guardia, abogados, sindicalistas, periodistas, colegios profesionales y otras gentes con sus proposiciones, desde ofrecerse ellos mismos a sugerir a la señora Mérkel, a la Unión Europea, a gobiernos extranjeros y, naturalmente, al Vaticano, que nunca debe faltar y lo mismo vale para una guerra que para un conflicto de vecinos. Como el Vaticano se coló en la procesión, Pablo Iglesias se sintió abducido por la Santa Mediación y llevó la idea a Rajoy y Puigdemont y, fiel a su apellido, llamó al cardenal de Madrid a sugerirle que encabece la manifestación. Y como rezar y mediar todo es empezar, los designios del Señor colocaron al arzobispo de Barcelona primero en el despacho de Rajoy y después en el de Oriol Junqueras, se empezó a oír el fru-fru de las sotanas, se vio el espíritu del Abad de Montserrat, y hasta los agnósticos de Podemos se pusieron a cantar la excelencias de los curas para dialogar y convencer. Y yo mismo me alegré: si los obispos se meten en esto, es que deja de ser verdad que el tema de Cataluña no lo resuelve ni Dios. ¿Qué va a pasar ahora con la Santa Mediación? Me temo que nada. Juega en su contra que no podrá haber mediadores de fuera, ni del Vaticano, porque eso sería internacionalizar la crisis. Tampoco de dentro, porque la mediación debiera hacerse en los parlamentos, en el catalán o en el Congreso de todos, y no hay síntomas. Y habrá que contar con un tal Rajoy, que miró la lista de mediadores y todos le van a ofrecer un referendo legal y pactado. Y ese tal Rajoy, como acababa de hablar con arzobispos, puso un cartel en Moncloa que dice: «Vade retro, Satán». La auténtica mediación será la que haga hoy la Audiencia Nacional con Trapero y los Jordis, los investigados por delito de sedición.

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