Barbón y el avispero de la llingua


Quizá es tal el ansia de distanciarse de la vieja guardia, o de matar al padre, que diría Freud, que la nueva ejecutiva socialista asturiana ya está cometiendo errores de mandato adolescente. Este primer desliz ha pasado un tanto inadvertido en el contexto brutal y desquiciado del «catalexit», pero tiene no poca conexión con él y no poco alcance: se trata del «leve» asunto de la oficialidad del asturiano. Lo contaba muy bien ayer en este periódico mi compañero Luis Ordóñez.

La posición del PSOE ha sido tradicionalmente resistente al nacionalismo excluyente, el que se ha practicado en otras comunidades y que está pariendo monstruos cada vez mayores. Un partido que en su origen era internacionalista nunca quiso, con inusual coherencia, esgrimir la lengua como herramienta política local. Hasta ahora no se había interesado por una implantación artificial de la llingua en las escuelas y los organismos públicos en los que el uso es testimonial, me imagino que en parte por la falta de rendimiento electoral y en parte porque los políticos son de suyo perezosos. La mayoría no lo habla y, si no aprendieron ni el inglés de pequeños en la escuela, de qué se van a apuntar ahora a intensivos de asturiano. Qué va.

La clave y el argumento en contra de esta intención un tanto dispersa la dio precisamente el responsable de Derechos Lingüísticos de Podemos, Lluis Miguel Orviz, intentando defenderla: «aglutinar el mayor consenso posible para recuperar el asturiano y que el idioma no desaparezca». Ignora Orviz, o quizá no, el absurdo de su declaración: si un idioma hay que meterlo por el alma de los estudiantes para que no desaparezca, está muerto desde la raíz. Las lenguas se llevan mal con políticas, fronteras o amos. La gente es mucho más sabia y las habla cuanto necesita hablarlas y le importa un pimiento que estén prohibidas, subvencionadas, arropadas o repudiadas desde el poder. No hay más que conocer un poco la historia.

Otra cuestión es el aprendizaje de un segundo idioma (supongamos que se habla el español correctamente, que es mucho suponer) como fuente de cultura, de trabajo o simplemente de comunicación. Esto lo respeto si no obedece a intereses bastardos. La demanda, y subrayo demanda y no mercado, que son dos cosas muy diferentes, dirá si hay alumnos suficientes con interés de aprender el asturiano, si desean estudiar la llingua para leer, trabajar o comunicarse. A costa de horario lectivo y presupuesto para otras materias, claro está, nada en la vida es gratis. La opción sería defendible, honorable en sus intenciones, pero aún así dudosa en su alcance.

Barbón ha dado una patada a un avispero y aún no es consciente de la dirección que tomará el chut. Probablemente hará un movimiento elíptico hacia él mismo. Quizá quiso hacer un guiño a la izquierda por lo que pueda venir, quizá sólo tocar un poco las narices a los salientes de la FSA, o ambas cosas, quién sabe. En cualquier caso, es un decepcionante inicio para las ilusiones que había generado y llega en un contexto más bien inoportuno, con la que está cayendo, como para bailar melodías nacionalistas con la alegre comparsa de Podemos.

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