En primero de catalán


Si algo ha tenido a favor tanta información sobre Cataluña es que en un pispás nos hemos hecho un curso exprés de catalán y no precisamente a distancia. Con toda la proximidad que nos da su fonética y con varias lecciones diarias que durante meses nos han valido para salirnos del Josep Lluís que marcó otro tiempo. Y eso que estamos hechos a las retransmisiones deportivas en las que se puede pronunciar igual Xabi Alonso que Xavi Hernández sin ningún rubor. Hubo una época en que incluso nos atrevimos a bautizar a un portugués como Paulo Futre con el descaro de un italiano inventado por Jesús Gil que lo llevó a la eternidad como Paolo. Y aunque con tanto soberanismo es cierto que hasta un Nobel como Vargas Llosa el domingo remarcó con toda la fuerza española la «J» de Junqueras, la dinámica ha sido seguir todo este procés con el catalán por delante, en un avance que ya hubieran querido los de Mucsía cuando el Prestige. Pero no hay que mirar atrás, que ya hemos dado un paso desde aquel macarrónico acento con el que Aznar nos intentaba convencer de que estaba «trabajando en ello». Dos tazas más de «relaxing cup» y estaría dominado, como este primero de catalán en que al menos hemos aprendido los verbos («Votarem», «Parlem»), ya somos capaces de hacer frases cortas («No tinc Por!») y Junts per la llengua avancem. Acercarnos un poco al catalán nos ha venido bien.

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