juego de tronos

Hacer un Puigdemont


«Cuando se juega al juego de tronos solo se puede ganar o morir». La frase, lapidaria, la escribió George R. R. Martin para sellar el destino de ese héroe trágico llamado Ned Stark, decapitado por equidistante en ese mundo de lobos, leones y dragones que son los siete reinos. Y tal vez pueda servir en el futuro para relatar el patinazo del procés y el fin de la carrera política del president. La calle ya lo tiene claro, dar marcha atrás es «hacer un Puigdemont».

El 10-O será recordado por su proclamación a la eslovena, en diferido y a espaldas de cualquier legalidad, incluso de la inventada por los secesionistas. No contentó a nadie. Y posiblemente resquebrajó para siempre la forzada unidad secesionista. Más allá del artículo 155, en el horizonte asoma la figura de unas elecciones catalanas. Las discrepancias que surgieron en el frente secesionista cuando se asomaron al precipicio de la declaración unilateral de independencia son un mal presagio para una reedición de Junts pel Sí, que ya fracasó en el 2015. Pero tanto Ciudadanos como Podemos y los comunes de Ada Colau suspiran por una cita con las urnas.

Unos predican dureza para hacer realidad su sueño de hacer presidenta a Arrimadas. Los otros repiten hasta la saciedad los mantras del diálogo y la mediación. Intentan liderar una alternativa a las fuerzas constitucionalistas en el espacio que pueda surgir si el hoy desmoralizado frente independentista se radicaliza más y se echa al monte, que se echará. Decía Churchill, «un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema».

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