JUEGO DE TRONOS

El dilema que divide a España


Por momentos, Cataluña lo fue todo. Ni pavorosos incendios ni extraños sucesos pudieron erosionar en redes sociales el monopolio del desafío secesionista. Primeras planas monográficas, programas especiales, maratones en radio y televisión, seguimientos digitales en directo que duraron varias jornadas y, sobre todo, interminables y poco serenos debates en casas, barras de bar, centros de trabajo y redes dejaron claro que el país estaba en vilo por el procés.

No se hablaba de otra cosa. Al menos hasta que Puigdemont hizo su pseudodeclaración de independencia en diferido y a la eslovena. Después, en los primeros instantes, reinó el caos, pero después llegó el alivio. Nadie había quemado definitivamente las naves. Los independentistas no habían saltado al precipicio. Y la respuesta de Rajoy (con el imprescindible respaldo del PSOE) al día siguiente ayudó a relajar aún más la tensión.

Entonces emergió un nuevo gran dilema. Uno de esos en los que no rige la espiral del silencio y de los que permite a la gente responder claramente. No valen grises, tibiezas o equidistancia. Aquí el contexto no es el rey. Y solo caben dos respuestas posibles, o blanco o negro. Mejor dicho, o gris y azul o blanco o rosa. ¿Para cuándo un referendo pactado para decidir sobre las zapatillas que han dividido a España?

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