con letra del nueve

República en suspensión


Entre el barullo del 1-O, el 3-O y el 10-O -que a simple vista parecen luminosas estadísticas de Messi pero luego, examinadas de cerca, son fechas aciagas- se nos quedaron atrás algunos novedosos conceptos acuñados por el secesionismo de los flequillos rampantes (porque todo esto en el fondo es un problema de peluquería: desde Puigdemont a Gabriel pasando por Cuixart).

Son dos hallazgos monumentales. El primero se lo escuchamos a Anna Gabriel, de la CUP, que soltó en el Parlament:

-Somos independentistas sin fronteras.

Uno pensaba que el separatismo consistía precisamente en levantar fronteras donde no las hay pero, claro, estos muchachos son los mismos antisistema que están en contra de los maléficos Estados y ahora quieren construir su propio Estado de juguete. Glorioso.

Cuando creíamos que ya nada podía superar la fundación de esta nueva oenegé secesionista, Independentistas Sin Fronteras, salió Jordi Sánchez, presidente de la ANC, a aclararnos lo que había querido decir Puigdemont desde el atril.

A Sánchez le preguntaron en la tele qué es ahora mismo Cataluña. Y se despachó:

-Es una república en suspensión.

En suspensión, como ese antibiótico en polvo que hay que disolver en agua y conservar en la nevera para curarle a la niña la amigdalitis. Una metáfora maravillosa, aunque involuntaria, del catalán de ocho apellidos catalanes Sánchez, porque justo eso es lo que ha hecho Puigdemont con su «Estado independiente en forma de república»: pulverizarlo, disolverlo en una cantidad generosa de agua y guardarlo en la nevera.

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