La chica del vídeo


Sus ojos se clavan en la cámara. Su voz parece que va a quebrarse. Su gesto se tuerce a cada segundo. Su tono delata urgencia. Está a punto de llorar. Parece soportar un peso enorme e invisible. La angustia. Pide ayuda para su gente. La necesitan ya. Su mensaje es un grito de auxilio que busca el eco más allá de sus fronteras, que está dirigido a los europeos de bien.

No, la chica del vídeo no lo ha perdido todo en un incendio en Galicia, Asturias o Portugal. Que se sepa, no es ni amiga ni familiar de los que murieron abrasados en el infierno de los últimos días. Parece a salvo del rastro trágico de las llamas. Tampoco consta que sea una superviviente del atentado yihadista que arrancó más de trescientas vidas en Mogadiscio. No es una ciudadana de Malta escandalizada porque hayan asesinado con un coche bomba a una periodista que investigó los papeles de Panamá. Ni tiene pinta de ser una vecina de Raqa que mendiga entre ruinas tras ser liberada del yugo del Estado Islámico.

El drama de la chica del vídeo es otro muy diferente. La pesadilla de vivir en esta Cataluña que sufre una opresión nunca vista en ningún otro territorio de la UE. El lema de la pieza audiovisual es «Help Catalonia, save Europe». Ayuda a Cataluña, salva Europa. Al parecer, los cimientos del viejo continente tiemblan bajo la apisonadora española. Por eso Òmnium lanza su verdad al mundo. Para salvarnos a todos.

Hay grandes ombligos. Gigantescos. Voraces como agujeros negros. Van tragándose aquello que hay a su alrededor como si no importara. Aquí no sirven de nada las ondas gravitacionales. Efectivamente, necesitan ayuda.

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