La nostra més íntima pàtria


Han pasado ya muchos años -toda una vida- desde que hice la mili en San Fernando (Cádiz) y luego en Ceuta. De aquel periodo totalmente inútil de mi vida, tengo un recuerdo del que sí saqué provecho, y fue la posibilidad de convivir con jóvenes de distintas regiones de España, entre los que había una nutrida representación de vascos, catalanes y gallegos.

A pesar de que por entonces faltaban aún unos cuantos años para que se alumbrara el llamado Estado de las Autonomías, Transición mediante, mi conocimiento de algunos poetas gallegos, catalanes y vascos (en este caso Celaya y Blas de Otero), me permitió acercarme y hacer amistad con unos y otros, sobre todo si compartían gusto por las letras. También acostumbraba a saludarlos y despedirlos, cada mañana y cada noche, con las palabras de sus respectivas lenguas, algo que en esos años apenas se estilaba pero que a mí me procuraba una sensación de comunicación muy agradable.

De entre todas esas amistades me quedan todavía algunas, y las dos con las que me sigo relacionando son de Cataluña: el escritor Jacint Torrents y el catedrático de Paleontología de la Universidad de Salamanca Jordi Civis. Con el primero, sobre todo, mantengo desde hace semanas breves diálogos telegráficos acerca de los cerriles embates que se están dando entre sí los necionalismos de allá y de acá a cuenta de la declaración unilateral de independencia no declarada y la aplicación del artículo 155.

Como tanto Jacint, amante conocedor de la literatura de su país, como yo, que me honro de saber un poco de la castellana, tenemos el corazón un tanto delicado y debemos estar alerta y tratarlo con mimo para no dejarnos llevar por los disgustos provenientes de los miasmas políticos y mediáticos, es de celebrar que mi amigo me haya dicho ayer lo que sigue en medio de esta guerra de banderas y patrioterías: Cuidemos nuestro corazón, que es, con la lengua, nuestra más íntima patria.

Como no podía ser de otra forma, y siguiendo la costumbre practicada en nuestra mili del sur, le pedí de inmediato que me lo dijera en catalán: Tinguem cura del nostre cor: amb la llengua és la nostra més íntima pàtria.

¿Y si les dijera que sentí más emoción así que habiéndolo leído en mi lengua propia? Constatarlo es dar fe de lo que logra una fraternización de culturas a través de una vieja y confortadora amistad, y frente a los vientos de intolerancia que puedan soplar de cualquier parte.

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