Una visión eucarística, hostias para todos


Como hoy es domingo y toca sermón, demos una visión eucarística de todo el asunto acontecido, no desde luego en el sentido etimológico de la acción de gracias, porque pocas hay que dar, sino en el más macarra de que haya hostias para todos, por ser ecuánimes como es debido. Hagámoslo de mayor a menor.

Los más culpables de todos, hay que ser justos, son los independentistas. Tengo muy buenos amigos, de los que respeto su opinión sobre un montón de cosas, que me afean que elija a los más pintorescos por la xenofobia de sus declaraciones, pero yo discrepo. El secesionismo que hoy nos toca es esencialmente supremacista y está en el núcleo de sus principios, es un pilar de sus convicciones, que forman un pueblo, una comunidad superior a sus harapientos vecinos; a los que desprecian con argumentos rayanos en la frenología.  He leído y he escuchado cosas a gente agitando una estelada que si se las oyéramos a cualquier otro con cualquier otra bandera de un estado presente o pretérito no podríamos dudar de que se trata de un racista peligroso. Los indepes se pasaron además por el arco del triunfo todos los procedimientos parlamentarios para aprobar un referéndum que fue pura farándula, sin el menor rigor en su desarrollo y su recuento, más allá de que había sido suspendido por los tribunales. En los días posteriores desplegaron una campaña de propaganda con unas falsedades inenarrables que hacen muy poco prometedor el futuro para quien tenga que vivir bajo el dominio de alguien dispuesto a sacrificar toda verdad y toda certeza en nombre de la causa.

En segundo lugar, pero casi en cabeza, como eso que se llama ahora empate técnico (ya no hay empates normales, todos son técnicos) está el PP y por extensión un conservadurismo español que en buena medida sigue luchando contra la ilustración. Rajoy nos llevó hasta aquí por su abyecta estrategia de dejar pudrir todas las cosas hasta la corrupción absoluta. Incendió todas las brasas siendo líder de la oposición contra Zapatero y mostró una arrogancia infame con su mayoría absoluta. Si la semana pasada el iletrado de Pablo Casado amenazaba con el destino de Companys, si se ha elegido como cabeza de lista en Cataluña a un xenófobo equiparable al lepenismo como Albiol, en estos días tuvimos que ver cómo el delegado del Gobierno en Castilla La Mancha pedía aplicar el artículo 155 en su comunidad para meter en vereda a PSOE y Podemos. La sensación es de absoluto descontrol un día e indisimulado autoritarismo al siguiente. Por encima de todo, la defensa de la legitimidad de las instituciones siempre irá coja si tiene que ir de la mano de un grupo que se ha dedicado con denuedo a minarlas en su propio beneficio partidista. Fue Cospedal la que habló de que el país se había convertido en un estado policial cuando comenzó la investigación del caso Gürtel, con esas mismas palabras. Han manoseado lo indecible el poder judicial, despreciado el legislativo, y Rajoy ha arrastrado con su indolencia, con ese concepto carca de casino provincial decimonónico del poder con que se conduce, el respeto al propio poder Ejecutivo. Sobre estos mimbres hay que ponerse ahora a afrontar un desafío gigantesco. No menos inquietante ha sido el descaro con el que han saltado a la calle estos días grupúsculos de extrema derecha a aterrorizar el personal mientras los «moderados» se hacen los longuis como si no pasara nada. Hay un futuro muy negro por aquí que asoma la patita.

Podemos es hace tiempo, pero sobre todo desde el último Vista Alegre, lo que diga Pablo Iglesias. Y hay un Pablo Iglesias para cada español, your own personal Jesus, que un día nos da la tabarra con la patria y otro con el derecho a decidir y la autodeterminación, por la mañana es laicista y por la tarde pide la mediación de los obispos. Ante todo es una persona que se apunta a un bombardeo y que se distrae con cualquier manifestación más o menos multitudinaria pero con muy poco criterio. Se empiezan a ver las costuras de una alianza muy precaria de Podemos con formaciones más o menos nacionalistas en la periferia y el discurso ya es casi un balbuceo sin sentido. Fue Iglesias el que la noche del 20 de diciembre de 2015, mientras se hacían las cuentas para ver si sería posible construir una alternativa al PP puso como línea roja la cuestión territorial (no la precariedad, no los derechos sociales, no, los identitarios) para poner todas las trabas en las ruedas a ese acuerdo que nunca llegó. Fue un error histórico que todavía tardaremos lustros en pagar y fue por un endiosamiento insoportable y la soberbia de unos analistas que le rodean que el que no es un púber imberbe sin idea de la vida es un vejestorio amargado que sueña con saldarse deudas pendientes de los 80. Sin apartado propio, como un apóstrofe, vamos a citar aquí a una Izquierda Unida que de la mano de Alberto Garzón ha renunciado ya a tener voz propia ni iniciativa singular y se ha entregado al pagafantismo para nada.

Al PSOE de Pedro Sánchez, y es increíble decirlo, parece que le haya pillado esto como un imprevisto. Como si no se viera venir y es del todo alucinante. El sanchismo tomó como bandera en su guerra interna (en ese combate a muerte al que se lanzó el socialismo ensimismado que padecemos desde que estalló una crisis a la que todavía no sabe qué respuestas dar) la oposición a toda colaboración al cualquier entendimiento con el PP de Rajoy. Quedó establecido como pecado mortal la abstención en la investidura y a los cuatro días no ha quedado otro remedio que formar bloque con Mariano y póngame a los pies de su señora. Lo tiene muy difícil para marcar un camino propio (esto es algo que atañe a toda la izquierda política, no sólo al PSOE, que no ha comprendido todavía lo suicida que es, lo segura que es su derrota si no prioriza las cuestiones sociales sobre los conflictos identitarios y nacionales) porque se les nota desbordados.

De Ciudadanos se ha percibido ante todo el cortoplacismo de Rivera que piensa en lo que le podría valer en términos electorales un adelanto de los comicios en Cataluña. Ya fueron primera fuerza unionista y, quién sabe, quizá puedan volver a serlo con más respaldo, pero para seguir en la oposición. Qué banalidad, qué poco hay que decir de esto porque no hay nada detrás. Qué mediocridad todo.

En fin, hagan contrición y examen de conciencia. Podéis ir en paz, ojalá sí, que tiene todo muy mala pinta.     

Valora este artículo

17 votos
Comentarios

Una visión eucarística, hostias para todos