El príncipe de Oviedo

OPINIÓN

23 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Ha muerto Manolín el gitano,el último de una estirpe de crápulas que se movían por Oviedo como por el salón de la casa. Esa casa que nunca tuvieron, ni que, quizá, nunca desearon. Manolín era carne blanda y envenada. El príncipe de Oviedo, republicano zar de la mendicidad. Hizo del sacarse unas monedas y amenazar viandantes un arte al nivel de muy pocos.

Recuerdo la niñez atravesando Uría para ir a casa y temblando por si me lo encontraba. También, las cenas en Casa Ramón donde venía a pontificar sus buenas nuevas y soltar su sermón.

Un día, mi amigo Michu casi lo mata por accidente porque se le cayó un cenicero desde la terraza del Centro Asturiano de Uría. Todos temblamos al mirar a la calle ese día. Ahora es cierto, no distopía ni elucubración. Ha muerto Manolo. Y con él una época: ha acabado el siglo XX, hemos matado el padre y nos levantamos con 25 años encima. Ya nunca más nadie dirá «gualtapa» ni te maldecirá como él lo hacía.

Saludaba a políticos,reyes e intelectuales; e incluso me saludaba a mí. Conocido de todos, amigo de nadie.

Echaremos de menos sus bailes en San Mateo. Las fiestas median su éxito si Manolo lanzaba la muleta y se arrancaba a bailar. Se acabaron los eneros de propinas para evitar el asalto en pleno Uría. Muchos respirarán aliviados, pero más le echaran de menos. Esta ciudad tan dada a estatuas debe erigirle una a Manolín. Con su estampa, sus ropas y achaques. Una mezcla entre Snoop Dog y Manolete, él fue el más habido con la palabra y el temple con la derecha. Le observe años durante un balcón mientras me engañaba como si estudiase. Aprendí a ver la vida en los periódicos y viendo a Manolín.

Me jode que se muera, le echaré de menos. Puedo recordar la última vez que se vino con nosotros de fiesta, le secuestramos y le pusimos una cerveza en la mano, por eso aceptó. Era alguien de mal vivir, como dicen ahora los cursis. Como aquellos que le daban dinero y le pedían que lo gastase en comer. Jack el destripador nunca pagó a las putas. Y Manolín te maldecía si no le dabas dinero.