Don Carles nos debe una explicación

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El presidente de la Generalitat debe de ser un señor de mucho respeto, a juzgar por lo mucho que se le respeta. Es el culpable de todo lo que ocurre, pero encuentra políticos en activo que le echan la culpa a Rajoy, como el señor Iglesias Turrión. Ayer hizo saber que «prevé» acudir al Senado para hablar de su república, pero tropieza con problemas de calendario y quizá no pueda ir el jueves, porque hay pleno del Parlamento catalán. Pero, como es señor de mucho respeto, los periodistas de Al rojo vivo no pidieron que se cambie la fecha de ese pleno, sino que el Senado sea flexible, y lo fue: el presidente García Escudero se mostró dispuesto a que Puigdemont acuda el viernes, si le encaja mejor. Si el presidente catalán alegase que no puede acudir al Senado porque está en una plaza llamada de la Marina Española, seguro que le habilitan un espacio neutral en un centro de convenciones. Puigdemont y el Parlament son de más respeto que el Senado.

Lo que pueda alegar el presidente catalán, si finalmente se explica en la Cámara alta, no tiene mayor interés, salvo que se quiera dar el gusto de proclamar la república catalana en Madrid. Todo lo que tiene que decir ya lo ha dicho. Lo que le falta por explicar es más sencillo: por qué no convoca elecciones. Se lo reclaman la prensa catalana, en una petición unánime que coincide hasta en el título: «Presidente, ponga las urnas». Se lo exige la realidad de su comunidad, donde no queda ni la empresa que dirige la señora Ester Puigdemont Vila, prima del molt honorable. Y se lo demanda el sentido común para evitar el 155, que tendrá una traumática aplicación.

¿Por qué se negará el estadista de Gerona? Expongo unas cuantas hipótesis: porque quiere urnas constituyentes, aunque se las tumbe el Constitucional, que se las tumbará; porque es muy chulo y soberano y un chulo soberano solo puede aceptar lo que le diga la CUP; por miedo a que se cumplan las encuestas, que sitúan a su partido, el PDECat, en cuarto lugar, incluso por detrás de españolistas tan deleznables como los de Ciudadanos; por pánico a quedar él como el causante de la ruina de una fuerza política que gobernó Cataluña durante un cuarto de siglo; porque todo el mundo está equivocado, menos él; porque las elecciones legales no son como el referendo del 1 de octubre, donde se pudo votar varias veces y los votos se contaron según las instrucciones que salían de su despacho; o quizá porque, en el fondo, le interesa el 155: le permite seguir hablando de represión, de humillación y de atentado contra el autogobierno y la democracia. ¡Qué digo! Le permite incluso resucitar a Franco. Visto así, las elecciones serían un castigo. El 155, bien manejado, una bendición.

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