El plan de «Puchi»


Frente a los silencios, dejaciones e improvisaciones del Gobierno de Rajoy y del llamado bloque constitucionalista, Puchi tenía un plan estudiado y programado. El que le ha llevado hasta donde se encuentra ahora mismo, que es a unos centímetros de cometer una osadía que le puede costar muy cara a Cataluña. La renuncia hecha pública ayer, entre los ya habituales juegos de sí pero no, de comparecer hoy o mañana ante el Senado para rebatir la aplicación del 155, habla por sí sola de las intenciones del presidente Puigdemont, Puchi para los suyos; y deja el camino despejado para lo que se nos avecina. Que puede acontecer en cualquier momento, o todo más tardar mañana, en ese pleno del Parlament que es donde los independentistas quieren formalizar la llegada de la República para que sea jaleada en calles y avenidas.

Cierto es que los desencuentros entre populares y socialistas por la aplicación o no del 155 en caso de convocatoria electoral y las exigentes condiciones de líderes del PP y miembros del Gobierno para su retirada le allanaron el camino para renunciar a su comparecencia. A lo largo de todo el día de ayer pudimos escuchar infinidad de voces intentando cargar al adversario la responsabilidad de su actitud. Una vez que llegamos a donde jamás creímos llegar, lo mejor que nos puede pasar es que el Govern convoque elecciones sin más; sin declaración adjunta. Sería lo menos malo. Y si así fuese, el Ejecutivo de Rajoy debería de plantearse si seguir con el conflicto, aplicando el ya archifamoso artículo o dejar que las aguas transcurran con la normalidad que sea posible. Porque de todo este lío lo único que tenemos claro es que Puigdemont está dispuesto a estrellar el avión con tal de no retroceder un centímetro. De una personalidad acomplejada como la del president había que esperarlo todo. Pero él tenía un plan desde el mismo momento en que la CUP lo aupó a la presidencia del Govern y nos fue anunciando, paso a paso, sus pretensiones y finalidad. A Puchi podrá acusársele de mil infidelidades o audacias, pero jamás de no cumplir con su palabra o de habernos contado mentiras.

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