Los jueces que algunos querrían


El procés ya tiene nuevos mártires. Si la jueza Carmen Lamela hubiera querido jugar a la política, seguramente habría optado por mantener en libertad a todo el ex Gobierno catalán. Porque ahora los independentistas tienen más gasolina para sus concentraciones y sus llamadas de socorro. Lamentablemente, hasta aquí hemos llegado. Los separatistas amplían su cupo de «presos políticos», resucitando de nuevo a Franco, el Cid del soberanismo, cabalgando sobre cada discurso. Y probablemente le atribuyan a otros las intenciones propias. Porque ellos contaban con el juez Santi Vidal, aquel senador de ERC que tuvo que dimitir por las perlas que repartía en sus homilías ante la parroquia indepe. «De los 801 jueces, sabemos perfectamente los que se quedarán y los que se irán. Tenemos perfectamente diseñada la estructura judicial de la República y sabremos con qué jueces podemos contar», llegó a decir. «Sabemos perfectamente quién comparte los sueños y los ideales de la mayoría de los que estamos en esta sala. Los que quieran quedarse deberán pasar unos filtros», comentaba muy sonriente.

Pablo Iglesias también repite el mantra. «Presos políticos». Como Santi Vidal, él tenía sus propios planes para los jueces y los fiscales. De hecho, en el programa que Podemos envió al PSOE para negociar en febrero del 2016 se pedía el nombramiento de personas «comprometidas con el programa del Gobierno del cambio», para escándalo de los tribunales.

Sueños de independencia, pero no judicial.

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