Es la ley, señores; no antojos de jueces

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Después de los 150.000 euros, juegos de magia. Se ha abierto una competición a ver quién salva mejor y de forma más ingeniosa a Carmen Forcadell. La más original, por el momento, consiste en ignorar lo que declaró al juez Llarena y remarcar las diferencias que existen entre el magistrado y la juez Lamela, que metió a todos los querellados en la cárcel. Y así resulta que Llarena es el bueno y Lamela una legalista que no dio tiempo a los exconsellers ni a preparar su defensa. Llarena, además, sería un agente del gobierno que prestó su colaboración para restar tensión al ambiente. Como el ministro del Interior dijo por la mañana que los jueces tenían que atender a las circunstancias del entorno y por la tarde-noche pasou o que pasou, verde y con asas: el Gobierno maneja a la Justicia de acuerdo con sus intereses políticos. He aquí una forma tan hábil como malvada de matar dos pájaros de un tiro: por una parte se desvía la atención de Forcadell, que incluso se puede presentar hoy a presidir la manifestación de Barcelona y ser coreada por la concurrencia. Por otra, se hace lo que se puede para deteriorar a la Justicia, ahora que la Justicia empieza a poner orden en el desmadre catalán. Lo llamativo es que esas versiones no se hacen solo en el mundo independentista; se hace también en medios informativos de alcance nacional. No hay más tontos porque ya no caben en la piel de toro. Bueno, sí, queda otro, que es el gobierno de la nación, muy satisfecho por la decisión judicial, y no aclaró debidamente si es porque Forcadell está en libertad, o es porque Forcadell prometió en sede judicial no volver a pecar contra el Estado. Pues bien: este escribidor sigue pensando que lo importante no es la fianza en vez de la prisión incondicional. Tampoco que la señora presidenta pagó y recuperó la libertad. Lo importante es que hubo una renuncia a la independencia unilateral; que aceptó la reglas democráticas de juego que antes había violado; que acata el artículo 155 y que, en definitiva, hoy se le podría incluir en el bloque que llamaremos españolista o, por lo menos, constitucionalista. A la fuerza, ya lo sé. Por puro miedo al trullo, ya lo dijimos ayer; pero lo declarado en sede judicial es una especie de contrato con el juez que ha de ser cumplido si no quiere volver a prisión. Respecto a los otros, a los que están presos por orden de Lamela, que no se hagan ilusiones: si no le dicen a Llarena que acatan todo, desde el 155 a la Constitución plena, o si persisten en su idea de trabajar al margen o contra las leyes del Estado, que se olviden, seguirán en prisión. Y no será solo por riesgo de fuga o destrucción de pruebas. Será para que no vuelvan a tentar la rebelión.

Lo importante no es la fianza en vez de la prisión incondicional. Tampoco que Forcadell pagó y recuperó la libertad, sino que renunció a la independencia unilateral

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