Los embustes van a más

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Dos millones de catalanes se han tragado sin inmutarse, durante años, las mentiras burdas que les han contado con tanto desparpajo como desvergüenza los dirigentes independentistas. Y todo indica que lo siguen haciendo, pese a los evidentes estragos causados. Como decía el psiquiatra Adolf Tobeña en este diario, esto solo se entiende por el enamoramiento colectivo de carácter religioso en que están sumidos. El sentimentalismo, el victimismo, las falsedades y el sectarismo han sepultado los hechos, la racionalidad y el análisis. Porque cualquier persona con sentido común debería reconocer que el procés se ha construido sobre un cúmulo de patrañas y relatos fantasiosos que dibujaban un camino expedito hacia la Arcadia feliz. Ese discurso se ha venido abajo como un castillo de naipes. A los separatistas ya solo les quedan como banderas electorales la libertad de los presos y el fin del artículo 155. Ni atisbo de un mínimo programa para sacar a Cataluña del caos en el que la han metido. Esto da fe del fracaso absoluto del procés. El último gran infundio es atribuírselo a que no esperaban una respuesta tan extrema y violenta del Estado. Para justificar tamaña bola, Marta Rovira, a la que Junqueras ha ungido como su sucesora, ha traspasado todos los límites de la decencia. Sin ninguna prueba, mantiene que el Gobierno amenazó con sembrar de cadáveres las calles con tal de parar la independencia. El mensaje, instigado por Puigdemont, también lo han comprado muchos catalanes. A medida que va quedando más en evidencia el desastre del procés, las mentiras se hacen más gruesas. La gran maquinaria de los embustes no se detiene, sino que va a más. Atención al siguiente.

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