Ni «brexit», ni «catabrexit»


La lógica se impone; no siempre, pero en la mayoría de las ocasiones acaba imponiéndose. Si la Agencia Europea del Medicamento (EMA) deja Londres porque se ha producido un brexit y los británicos quieren salirse de Europa, parece razonable que no se vaya a donde se lucha por un catabrexit para salirse del globo terráqueo. Si lo que buscan los responsables europeos es estabilidad y sosiego también parece lógico que no se inclinen por instalarla en Cataluña, después de lo que hemos vivido y de lo que aún puede que nos quede por vivir si se cumplen las amenazas que nos llegan a diario.

Todo parece muy lógico, pero lo que no lo parece tanto es que sabiendo la importancia de esta concesión, se juegue con el futuro como se viene haciendo. La tangana de los últimos meses priva a Cataluña y a España de 900 puestos de trabajo directos, entre 4.000 y 5.000 indirectos; de la instalación de cientos de empresas farmacéuticas, de unas 40.000 visitas de expertos al año, con unas 30.000 pernoctaciones y de un prestigio científico mundial que arrastraría otras muchas ventajas.

Pero la Agencia se ha ido a Ámsterdam. Por sorteo con Milán pero se ha ido a Ámsterdam. Porque parece que Holanda es un país más estable y, sobre todo, porque en estos momentos ofrece una mayor solidez que Cataluña y que España. Nuestro prestigio no se encuentra en el mejor momento. Las imágenes de las cargas policiales del 1-O; el expresident de vacaciones en Bruselas, los encarcelamientos, las dudas sobre nuestra democracia en países que son socios y amigos y la incertidumbre política, pesaron más que la oferta en sí. Barcelona era hace unos meses clara favorita para acoger a la Agencia, y ayer cayó eliminada a las primeras de cambio obteniendo solo 13 votos y pasando al quinto lugar, porque la tangana catalana y también la incapacidad para afrontarla y anularla han resultado decisivas. Ya nos lo habían anticipado desde Europa quienes podían hacerlo.

Ahora llegarán los reproches cruzados. No lo duden. Pero es el consuelo del derrotado. Ayer mismo, desde Bruselas, la ministra de Sanidad Dolors Montserrat ha culpado de la pérdida a «los daños directos del proceso independentista», mientras que Puchi, desde su exilio gastronómico y entre plato y plato, dijo eso de que Barcelona era la favorita hasta el 1-O pero «con la violencia, el retroceso democrático y el 155 el Estado la ha sentenciado». Quedan todavía muchos por justificar un fracaso que han de apuntarse los unos y los otros.

Lo que supone la pérdida de la EMA para la economía y el prestigio de España no lo conoceremos hasta dentro de unos años. Pero es mayúscula. Y lo que es peor; lo mismo es solo el principio de otros desastres que nos quedan por llegar.

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