No se me amontonen, por favor

.

Mano de santo, le decía Fernando Savater a Enrique Clemente en este diario. Se refería, como recuerdan los lectores, al encarcelamiento de Oriol Junqueras y los consejeros del gobierno catalán: «Ha sido mano de santo». Si fue así, la juez buena sería Carmen Lamela y el timorato, Pablo Llanera. Pero Dios me libre de volver a abrir ese debate. Solo pretendo suscribir las palabras de Savater, que confirma que los seres humanos, incluso los políticos catalanes, solo reaccionan en esta crisis ante dos argumentos: el económico -recuérdese que una buena multa terminó con el equivalente a la junta electoral para el referendo de octubre- y el judicial, que mostró a los líderes indepes el camino de la prisión.

La mano de santo se ve ahora, cuando los presos se apresuran a pedir que les dejen salir. Dan ganas de decir «no se me amontonen, que hay para todos». La vía Forcadell está siendo la fórmula mágica para una especie de arrepentimiento colectivo. La siguieron los ex consellers terminados en ull, Rull y Turull, que están a la espera de la infinita bondad de la Audiencia. Y ayer, los señores Forn y Junqueras. Este último, el líder del independentismo histórico, lleva una vida monacal en la cárcel. Se dedica a rezar, a pensar y a escribir algo. Solo recibió la visita de su abogada. Y es el único que viste la ropa, en su caso habría que decir el hábito, de presidiario. Un preso ejemplar.

Pero hasta un recluso tan disciplinado se cansa de estar entre rejas, y ahí me lo tienen: acatando el 155, con lo cual acepta que ya no es el vicepresidente del gobierno legítimo que dice Puigdemont. Ahí me lo tienen, igual que Forcadell: afirmando que la declaración unilateral de independencia se hizo, pero fue una cosa intrascendente, una declaración política que, como se sabe, no sirve para nada. Se conoce que tenían pensado votarla y la votaron, pero al día siguiente la archivarían porque ellos jamás pensaron separarse de España. Y como Forcadell, pudo advertirlo a todas las gentes a las que ilusionaron con la idea de la República Catalana.

Apunte final. Junqueras niega en su escrito que exista riesgo de reiteración delictiva. Es decir, que no va a cometer más delitos como los que le llevaron a prisión. Eso, más que una información de futuro, debería ser un compromiso. ¿Significa que renuncia a promover acciones ilegales? ¿Significa que cumplirá la Constitución? ¿Significa que aceptará y cumplirá las sentencias del Constitucional? ¡Qué pena que no lo hubiera pensado antes también! Si lo hubiera pensado antes, Barcelona tendría la Agencia del Medicamento, y él no estaría en prisión. Si yo fuese la juez Lamela, le dejaría salir. Más que nada, para saber si dice la verdad.

Valora este artículo

1 votos
Comentarios

No se me amontonen, por favor