El timo del comercial «energético»


Llaman a mi puerta una plácida tarde y abro. Aparece un chaval que no pasa la veintena y ciertamente no se ha afeitado más de media docena de veces en su vida, vestido con un traje tres tallas más grande. Me llama por mi nombre. «¿Sí?», respondo.

-Me llamo tal y soy de la compañía energética... - me dice. Mientras le estrecho una mano escurridiza y como de pez, pregunto, suspicaz:

-¿De qué compañía?- Ya de entrada, lo de «compañía energética» me suena a eufemismo ensayado, un comodín para que no le corte o para no decir de parte de quién viene.

-De... Endesa.- Responde vacilante, y me enseña de lejos una tablet. Cuando acerco mis ojos miopes para ver la presunta acreditación, la aparta bruscamente y comienza su perorata de grabadora.

-Ah, bueno ?le corto, aliviado- pues nada, porque yo tengo Edp. Hasta luego…

Mala suerte, amigo. Pero lejos de darse por vencido, insiste en tirar del anzuelo.

-Da igual, lo que le digo le afecta igual

Uno, que es educado, en lugar de cerrarle de un portazo, le da cinco segundos más, que el pipiolo aprovecha al máximo para enfrascarse en una peregrina explicación sobre la subasta eléctrica plagada de tecnicismos absurdos. Afirma a 45 revoluciones que mi tarifa está anticuada y que por lo tanto, insinúa, puedo estar pagando más de lo que me corresponde, que si le firmo una solicitud... Ay, chaval, si yo te contara lo que pago de más en mi ajetreada vida de pagador y lo que me fío de las «compañías energéticas» en general... No firmo ni mi sepelio.

Empiezo a impacientarme y a negar con la cabeza como un perrito de los que antes iban en la bandeja trasera de los coches. Voy pensando: ¿es un timo puro y duro? ¿Un intento de cambiarme de compañía con triquiñuelas? ¿No se ha tomado su pastilla hoy?

Unos treinta segundos después de abrir, mi escasa reserva de paciencia para pelmas, ya bastante mermada desde hace tiempo por el asedio de las «compañías telefónicas» se agota del todo. No, no voy a firmar nada; mándame por escrito lo que quieras, si es en una barra de hielo, mejor. No, no quiero experimentar a ver si consigo ahorrar. No, no vuelvas otro día con más calma.

En fin, esto ocurrió la semana pasada en Oviedo. De dónde sacaron mis datos, prefiero no pensarlo, pero una vez en frío mi indicador de cabreo aumenta moderadamente. Si no era un intento de atacar mi cartera descaradamente, me cabe la duda de que las «compañías energéticas» permitan estas prácticas mediante subcontratas que ganan al peso a costa de la buena fe de la gente, léase candidez o algo menos amable. Tonto yo, por abrir la puerta al delegado de COU con corbata y una tablet en la mano.

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