Sí se puede ganar al independentismo

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La pretensión de los partidos independentistas de imponer por las bravas a todos los catalanes y al resto de españoles su ilegal e inviable plan de que Cataluña se separe de España sería inaceptable sea cual sea el reparto de escaños que surja de estas elecciones. Pero la encuesta del CIS evidencia la aberración democrática que supone el hecho de que una minoría pretenda privar de la nacionalidad española a millones de ciudadanos que se sienten y quieren seguir siendo españoles a fuer de catalanes. Resulta que después de cinco años de insufrible procés, de décadas de adoctrinamiento separatista en las escuelas y de prolongado control secesionista de unos medios de comunicación públicos que siembran odio antiespañol desde que se levanta el sol hasta el ocaso, el partido más votado en Cataluña puede acabar siendo Ciudadanos, cuya razón de ser es la defensa de la unidad de España y la denuncia del nacionalismo excluyente. La constatación de que después de proclamar la república el separatismo retrocede y los no independentistas son cada vez más fuertes debería bastar para que los secesionistas pidieran perdón y guardaran su plan de ruptura en un cajón. 

Hay sin embargo pocas esperanzas de que eso suceda. Entre otras cosas, porque la bolita de la ruleta democrática va a caer en la peor de las casillas. Aquella que convierte en árbitros de la situación a los comunes de Ada Colau y Pablo Iglesias. Y no tengo ninguna duda de que si no hay mayoría independentista ni constitucionalista, y por tanto el futuro de Cataluña queda en sus manos, los dos caudillos populistas, fieles a su lema de cuanto peor le vaya a España mejor para ellos, entregarán el Gobierno al separatismo. Incluso aunque, si el secesionismo sigue a la baja, tengan que votar a favor de los independentistas y no les baste con abstenerse. Si eso sucede, servirá al menos para que a muchos de los que creyeron que Podemos llegaba para regenerar España se les caiga la venda de los ojos.

Pero, todo hay que decirlo, el huevo de la serpiente secesionista se alimenta también del tacticismo del PSC. La campaña iniciada por el socialista Miquel Iceta para desacreditar a la candidata de Ciudadanos, Inés Arrimadas, como posible presidenta de la Generalitat aunque fuera la más votada resulta repulsiva en términos democráticos. Y es igualmente grave que sectores del PP alimenten esa hipótesis de que si los constitucionalistas pudieran gobernar sería mejor que el presidente fuera Iceta y no Arrimadas. Que el populismo de Colau y de Iglesias entregue Cataluña a la antiespaña es algo que cabe esperar. Pero que Iceta sometiera a Ciudadanos al chantaje de tener que hacerle presidente a él aunque tenga menos escaños si quiere impedir un Gobierno independentista sería inaceptable. Durante mucho tiempo se nos dijo que no se podía ganar en Cataluña atacando al nacionalismo y defendiendo la bandera de España. Ciudadanos demuestra que sí se puede. Si fuera el más votado y los comunes o el PSC le impidieran gobernar, estarían colaborando con la xenofobia.

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