El criminal posmoderno


No sé si habéis escuchado la canción «ATWA» del álbum «Toxicity» de System of a Dawn, pero para el que no lo sepa, ATWA es una asociación ecologista estadounidense: Air, Trees, Water, Animals and All The Way Alive, algo muy hippie. Dos de sus dirigentes son Lynette Fromme y Sandra Good, activistas por la conservación del planeta que fueron muy conocidas con anterioridad. Concretamente, Lynette Fromme era conocida por intentar asesinar en 1975 al entonces presidente de los Estados Unidos Gerald Ford en Sacramento. Disfrazada de monja con un hábito de color rojo y armada con una pistola del calibre .45, se acercó al presidente y le apuntó con su arma. Posteriormente aseguró que era una protesta en defensa de los bosques de secuoyas. Antes de eso, la buena de Lynette había estado implicada en algún asesinato. Y antes de esto, Lynette Fromme y Sandra Good habían formado parte de la familia Manson. Y aquí es donde ellas y el recientemente fallecido Charles Manson demuestran que la famosa familia sigue unida: ATWA no es otra cosa que un tinglado ideado por el criminal más famoso de los años 60.

Hay todo un culto en torno a personajes de moral más que dudosa como Charles Manson. La contracultura, que tiene más de lo primero que de lo segundo, es muy así. Parte del mundo del rock and roll más visceral se ha encargado de perpetuar el mito con notoria inconsciencia. En 1970, Phil Kaufman publicó el álbum Lie: The Love and Terror Cult, con canciones grabadas por el criminal antes de ser tristemente famoso. Contiene temas versionados posteriormente por Guns’N’Roses o el desaparacido GG Allin. Incluso el gran Henri Rollins, ex componente de la banda hardcore punk Black Flag mantuvo en su momento correspondencia con Charles Manson y asegura haber grabado algunos temas que no se atrevió a publicar por las presiones recibidas.

Cuando el género hardcore empezó a transformarse en un absurdo y delirante subgénero en el que el punk y las ideas un tanto peregrinas pero sinceras y terrenales dejaron paso a una especie de heavy metal para los que no saben tocar heavy metal, y sus letras se llenaron de dragones, cadenas, sentimientos profundos y suicidios adolescentes cantados por señores que hace años dejaron atrás la treintena, Dwid Hellion, líder estadounidense de la banda Integrity afincado en Bélgica, produjo en 2010 un disco a Charles Manson a través de su sello Holy Terror Records titulado Inner Sanctum, en el que el criminal hippie, desde la cárcel, perpetra algunas de sus cacofonías. Toda la recaudación obtenida con la venta de este trabajo iba a parar íntegramente a ATWA.

La mitificación de criminales, al margen de Charles Manson, no se queda solo en Estados Unidos. Desde aquel Paulino Fernández, del que Siniestro Total aseguraron ser los únicos supervivientes de la tristemente famosa matanza de Chantada en 1989, personaje mencionado también en el tema «Veraneo en Puerto Urraco» de Def Con Dos por Julián Hernández de Siniestro Total,  hasta la banda catalana de hardcore Unabomber, el sobrenombre por el que fue conocido el terrorista neoludita estadounidense Ted Kaczynski, banda cuyos discos podemos comprar, paradójicamente, en internet, el Gran Satán tecnológico, lugar en el que también podemos encontrar la infantiloide web ecologista de ATWA, la lista podría abarcar docenas de columnas.

Toda esta pesadilla enfermiza no existiría sin el movimiento hippie ni eso llamado contracultura. Con frecuencia se dice que la familia Manson asesinó el movimiento al tiempo que a Sharon Tate, pero no fueron solo ellos. En la misma época, surgieron otros monstruos, como Jim Jones y su Templo del Pueblo o el suicidio colectivo de los integrantes de la secta ufológica Puerta del Cielo en 1997, pues esta secta surgió de entre las cenizas del movimiento hippie en 1975, captando a las almas descarriadas de clase media que veían cómo el verano del amor sólo era ya un turbio recuerdo lisérgico.

El gurú del LSD Timothy Leary creía, como miles de hippies (aunque él nunca fue un hippie, y solo se adscribió más o menos al movimiento para encumbrarse de alguna manera, poco más que un oportunista), que la revolución partía de uno mismo, era una revolución interior (algo, en el fondo, profundamente reaccionario), y que el consumo de LSD provocaría ese cambio. Grace Slick, miembro de la banda de rock Jefferson Airplane fue invitada a la Casa Blanca por la hija del mismísimo Richard Nixon. Acompañada de Abbie Hoffman, líder del Partido Internacional de la Juventud, planeó introducir LSD en el té del presidente. El plan se frustró, pero lo cierto es que creían sincera e irracionalmente que un viaje psicodélico cambiaría el rumbo del planeta individuo a individuo. Leary coincidió en una de sus estancias en prisión con Charles Manson, según cuenta en su delirante y quijotesca autobiografía LSD flashbacks. Charlie le pasaba tabaco al gurú, y varios libros, entre ellos, «Las enseñanzas de don Juan», el falso libro autobiográfico y falso estudio antropológico de Carlos Castaneda. En una de sus conversaciones, Charles Manson le dijo a Leary: «Soy cristiano, tío. La Biblia es mi manual. La Biblia te da el programa. En el Apocalipsis mismo te dice que las mujeres son la causa de todos los problemas de los hombres».

Ya ven, en el fondo, no hay nada de revolucionario ni alternativo en la mitificación de personajes como Charles Manson, y sí mucho de ultraconservador. Es reacción pura envuelta en radicalismo, y también, para qué negarlo, hay mucho de querer asustar a las ancianas de tu portal con tu bonita camiseta. Nada que admirar. No hace falta matar a tus ídolos, ya están muertos, y es mejor así.

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