Nos chafaron el puente


Cuando más estábamos disfrutando del puente, acueducto o lo que sea, la OCDE, sin mostrar un mínimo de consideración y respeto por nuestro descanso, nos ha dado una sacudida alertándonos sobre el futuro de nuestras pensiones. Y van ya varias advertencias porque hace solo unas semanas nos dijo que en el futuro va a resultar «particularmente difícil» asegurar una pensión decente a las mujeres y al personal con bajo nivel educativo. No es que desconozcamos lo que nos aguarda porque llevamos avisos varios desde diferentes organismos y además cualquier estudio revela que las cosas no pintan bien, pero es que además la advertencia de la Organización de Cooperación y Desarrollo nos coincide con la retirada por parte del Gobierno de 3.586 millones del Fondo de Reserva, dejándonos la hucha en 8.095 millones, que es una insignificancia respecto a los 74.400 millones que teníamos hace cinco años.

Si lo que pretendían era chafarnos el descanso, lo han logrado. Unos y otros porque a la realidad de un problema se añade la incapacidad para hacerle frente. Hace años que sabemos que nuestro sistema tiene un futuro muy limitado y que su viabilidad pasa por cambiarlo radicalmente, pero preferimos mirar hacia otro lado y no darnos por enterados por aquello de que «ojos que no ven, corazón que no siente». Y la verdad es que no nos va nada mal. Cada cierto tiempo nos llevamos un sobresalto y un disgusto, pero los pensionistas siguen percibiendo mensualmente lo que les corresponde y a cada anuncio de catástrofe le sigue otro asegurándonos que próximamente se buscará una solución definitiva que satisfaga a todos y ponga fin a la incertidumbre.

Es lo que han hecho la práctica totalidad de los países; pequeñas o grandes reformas que garanticen la sostenibilidad financiera de los sistemas públicos de pensiones. Los del Este pasaron de un sistema de reparto a uno de capitalización; Alemania Francia y Portugal modificaron parámetros de la prestación a la vez que incrementaron la edad de jubilación y Suecia, Polonia e Italia realizaron reformas estructurales.

Pero unos y otros han valorado la importancia del problema y, con mayor o menor acierto, se han decidido por una reforma profunda. A nosotros la realizada hace cuatro años nos sirvió de bien poco, lo reconocen el Banco de España y la propia OCDE, entre otros. Nuestro sistema continúa en caída libre; pero quienes tienen la responsabilidad de cambiarlo no parecen estar por la labor y dejan correr el tiempo.

Es lo mismo que hicieron con el problema catalán. Que lo dejaron ir, lo dejaron ir y al final hubo que aplicar el 155. Así que lo mismo es lo que tienen previsto para solucionar lo de las pensiones.

Cada cierto tiempo nos llevamos un sobresalto, pero los pensionistas siguen percibiendo lo que les corresponde y a cada anuncio de catástrofe le sigue otro de soluciones

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