Asturias se sale en la curva de la felicidad


A los expertos en estadística les encantan los ránkings: pasan su vida bajo un flexo comparando esto o aquello, intentando domar la realidad en curvas y gráficos de barras. Tienen algo de coleccionistas, los estadísticos, cuando se empeñan en reunir, mezclar y cocinar números con minuciosidad obsesiva durante largos años. De dónde sale la idea de estudiar un aspecto concreto de la errática actividad humana, es un misterio. A veces los planteamientos son, digamos, originales, y por tanto los resultados pueden llegar a ser sorprendentes.

Un estudio de una entidad bancaria que reflejaba ayer este periódico concluía que Asturias es la séptima comunidad en la que mejor se vive, teniendo en cuenta factores tan dispares como el trabajo, la renta, la educación o la esperanza de vida. Pero, amigos expertos, ya empezamos mal, sumando naranjas y peras y todo el resto de la huerta frutal. Porque si ya parece difícil, casi imposible, comparar el bienestar entre dos personas, no les digo cómo resulta sumar los estados anímicos de un millón de habitantes, hacer la media y ponerlos junto a los del resto de los españoles.  Es obvio, me dirán, que tener un empleo, una buena renta o pensión y una buena salud influyen. Pero eso no es todo. De hecho, el estudio parece contradecirse a sí mismo. Después de descubrir el ránking del bienestar, los investigadores hicieron algo con más sentido común: preguntar a la gente. Y aquí vino la sorpresa, porque en ninguna comunidad su presunto grado de bienestar coincide con la percepción de ese bienestar que tienen los ciudadanos.

La comparación es muy curiosa: los habitantes de las Islas Baleares afirman ser los más satisfechos de la vida de todo el listado español, y sin embargo, deberían ser los décimos según la primera comparativa, la que medía el bienestar. ¿Exceso de optimismo? Por el contrario, los vascos son los más favorecidos y no obstante, su percepción les dice que viven peor que navarros, catalanes o valencianos. ¿Quejicas? ¿Exceso de pesimismo? Asturias es la séptima en la teoría del bienestar, pero los asturianos se sienten mejor que lo que deberían según la encuesta. Será la sidra.

Me temo que la conclusión es mucho más sencilla. La psicología humana es tan compleja y depende de tantos factores, que intentar dibujar las curvas de la felicidad es casi irrealizable. Y comparar las curvas de dos vecinos, una quimera.

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