El factor Arrimadas


Por lo menos hasta el día 21, la ganadora de las elecciones catalanas es Inés Arrimadas. Sea o no sea finalmente el partido más votado, es por lo menos la vencedora moral y su partido, Ciudadanos, la gran sorpresa. Casi diría el gran prodigio, porque se trata de un partido joven que hace nada irrumpió en el Parlamento catalán con tres escaños y compite con auténticos titanes de la política catalana. Que un partido defensor de la unidad de España y leal a la Constitución se convierta en la fuerza política de referencia en un territorio que ha llegado a proclamar su independencia y su república es un hecho de trascendental importancia.

¿Cuáles son las claves de este fenómeno? En primer lugar, la alta participación. Como se demostró en las manifestaciones llamadas españolistas, los partidarios de la unidad salieron del armario, vieron las orejas del lobo separatista y decidieron actuar. Ciudadanos, con buena presencia anterior en el Parlamento regional, les está pareciendo una buena opción.

En segundo lugar, la candidata. De todos los aspirantes del llamado bloque de la Constitución es la más atractiva, y no me refiero a su físico, sino a las ideas que defiende. Es también la que consiguió construir un discurso más efectivo y creíble, porque lleva años enfrentándose cara a cara con los grandes ogros soberanistas y nadie la ha visto achantarse. No tiene los antecedentes de los sambenitos de racismo que injustamente le colgaron a García Albiol ni sufre los problemas de indefinición del PSC, últimamente agravados por la propuesta de Iceta de indultar a los políticos que están en prisión.

Y en tercer lugar, las ayudas del Partido Popular. El PP ha tenido la rara habilidad de convertirse en un partido al que multitud de catalanes consideran enemigo de Cataluña, consecuencia de aquellas malhadadas mesas petitorias de firmas. Ideológicamente, gran parte de la opinión pública no lo considera un partido conservador ni liberal, sino de derecha extrema. Su gran fracaso en Cataluña ha sido no saber imponer su imagen real frente a las acusaciones de franquista o fascista. Y no encontró un candidato ni un equipo que, sin traicionar sus ideas, consiguiera conectar con el catalanismo. Exactamente lo contrario que en Galicia.

En esas condiciones crecieron Ciudadanos y su estrella Arrimadas. No necesitaban más que reclamar el voto útil, y lo hicieron con todo descaro. Ahora falta por conocer si el crecimiento catalán es extrapolable al conjunto de España. Es decir, si Cataluña marca el nacimiento de una nueva fuerza conservadora. Dicho más duramente: si Ciudadanos se dispone a desbancar al PP. Me temo que esa es otra historia muy diferente. Y Rajoy no es García Albiol.

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