Rajoy se la juega el 21D

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El choque frontal entre bloques, separatista y constitucionalista, está haciendo que pase casi desapercibido el probable hundimiento del PP, que, según las encuestas, podría retroceder al peor resultado de su historia. Si se consumara el desastre, supondría una desautorización en toda regla de las políticas sobre Cataluña que han liderado Rajoy y Sáenz de Santamaría, a quien el presidente encargó en su día la patata caliente de tratar de reconducir el conflicto. El hecho de que, en una situación de gravísima crisis de Estado, el partido que gobierna bajara de los diez escaños (sobre 135) y apenas llegara al 6% de los votos dejaría a ambos muy tocados y dañaría la credibilidad del Ejecutivo. De entrada, elegir a un candidato tan zafio como García Albiol es un error garrafal del propio Rajoy, en el que ha perseverado a pesar de los ya pésimos resultados que obtuvo el PP en el 2015. Lo cierto es que Ciudadanos se ha apropiado del electorado constitucionalista de centro-derecha con una candidata como Inés Arrimadas, que contrasta con la tosquedad de quien compite con ella por el mismo espacio, y un discurso sin fisuras contra el independentismo que se ha ido consolidando según avanzaba el procés. Si los naranjas logran el gran éxito que preconizan los sondeos, y no digamos ya si ganan, sería un gran revulsivo que daría alas a Rivera a escala nacional, en detrimento, claro está, del PP. Rajoy también se la juega el 21D porque fue él, cierto que con apoyo de C’s y PSOE, quien decidió convocar las elecciones con la mayor celeridad posible tras aplicar el artículo 155. Si los secesionistas reeditaran su mayoría absoluta y el PP se derrumbara o se tuvieran que repetir las elecciones, lo que muchos vieron como una jugada maestra se volvería en su contra.

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