El alucinante relato soberanista


Ignoro si el debate electoral de La Sexta ha movido algún voto, aunque sea de indecisos. Solo se sabrá pasado mañana, cuando podamos comparar encuestas y resultados efectivos. Pero ha sido un debate muy interesante, porque resultó toda una lección del relato que el independentismo ha construido del procés, de sus efectos legales y de sus consecuencias políticas y económicas. Lo hemos visto condensado en un solo programa, en boca de algunos de sus protagonistas, y les aseguro que fue un prodigio de imaginación y de creatividad. Si no fuese por el daño que hacen a la convivencia, merecería un premio a la narrativa del año.

En síntesis, ese relato consiste en dar la vuelta a los hechos y convertirse en víctimas de un Estado que se propuso destruir su identidad. Ustedes dirán: eso ya lo sabíamos, y es cierto, pero el valor de la representación está en hacerla delante de los personajes que ellos acusan como verdugos. La imaginación descriptiva llevó al señor Rull, por ejemplo, a decir que para él se habían pedido 30 años de prisión, detalle que a los demás mortales nos había pasado desapercibido, porque en su caso solo hubo una medida cautelar de prisión que eludió con fianza.

Judicialmente, ninguno de los encarcelados ni el fugado en Bélgica cometió ningún delito. Al revés: fueron llevados a la cárcel o expulsados del país por Mariano, para apartarlos de la lucha electoral y dejar su sitio a los candidatos constitucionalistas. Y la economía catalana no se deterioró por la gestión del Gobierno autonómico, ni por la pérdida de seguridad jurídica que espantó a las empresas, ni por el miedo de los depositantes de los bancos ante la deriva soberanista. El deterioro se produjo por la intervención del Gobierno y la aplicación del 155. Tampoco hubo ningún dispendio en las embajadas, sino que por cada euro invertido en esa diplomacia vinieron a Cataluña cientos de millones de inversión extranjera.

Podría continuar con los ejemplos, pero no hace falta: el relato es alucinante. La palabra manipulación se queda corta. Si realmente los representantes de Esquerra, JxCat y la CUP creen eso, olvidemos toda posibilidad de normalización política: el agravio y el victimismo, sus armas dialécticas fundamentales, alcanzaron el máximo nivel. Pero, si no lo creen y mantienen ante millones de personas algo que saben que es una falacia, son unos farsantes. Por tanto, si ganan y llegan a gobernar, Cataluña estará gobernada por farsantes. La pena es que el único juicio a esa representación malvada es el de unos electores encantados de esa falsificación. La mentira política, aunque destroce la convivencia y el honor de todo un Estado de derecho, no está tipificada en el Código Penal.

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