Junqueras, Iceta o nuevas elecciones

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Ados días de las elecciones catalanas, me aventuro a rellenar y sellar mi quiniela. Eso sí, consciente del incierto resultado del partido, me permito colocar un triple en la casilla del 21D: el próximo presidente de la Generalitat será Oriol Junqueras, o Miquel Iceta, o habrá repetición de elecciones. Cualquier otro resultado, a juzgar por la marcha de la campaña y los resultados de las encuestas, sería francamente sorprendente. 

Si las tres fuerzas soberanistas -ERC, Junts per Catalunya y la CUP- revalidan su mayoría absoluta o se acercan a ella y los «comunes» de Ada Colau le echan una mano, el presidiario Oriol Junqueras dispondrá de la mejor baza para ser investido. No lo tendría fácil, por supuesto, porque está en la cárcel y porque el llamado bloque soberanista muestra grietas profundas. Llegado el caso, Puigdemont se resistiría con uñas y dientes y reclamaría la reposición del Govern destituido, puesto que se considera su legítimo presidente. Se produciría un choque de dos «legitimidades»: la del presidente de la república catalana en el exilio, avalada por el engendro de referendo del 1 de octubre, y la del presidente de la Generalitat, amparada por la Constitución y el Estatuto de Autonomía. De hecho, la investidura de Oriol Junqueras supondría de facto el entierro definitivo de la primera cruzada secesionista.

Si los soberanistas no alcanzan la mayoría y la suma de las tres fuerzas del 155 -PP, Ciudadanos y PSC- queda también lejos de la cota de los 68 escaños, se dibuja el escenario por el que apuesta Miquel Iceta. Su oportunidad de poner en marcha la transversalidad que predica. Quedaría liberado de apoyar a Ciudadanos, «la media naranja del PP», y de convertir a Inés Arrimadas en presidenta, porque ni dan los números ni los constitucionalistas solos pueden restañar las heridas. Si a ello le agregamos la segunda premisa, su afirmación de que jamás hará presidente a un independentista, solo queda él como alternativa. O yo, o el caos. O un gobierno tripartito, encabezado por el candidato del PSC, o situación de bloqueo, prórroga del 155, nuevo decreto de Rajoy para disolver el Parlamento y repetición de elecciones.

La estrategia de Iceta, por más que genere algún quebranto al PSOE fuera de Cataluña, no resulta tan descabellada como parece. Él se propone como reconstructor de puentes y factor de reconciliación nacional. Su extemporánea petición de indulto, guiño a los candidatos encarcelados, se inscribe en ese marco. Sabe que las puertas de acceso al Palau de la Generalitat no las abrirán sus 20 o 25 diputados: necesita el concurso de Catalunya en Común y, más difícil todavía, la aquiescencia de Oriol Junqueras. Y este solo se la otorgará si llega al convencimiento de que unas segundas elecciones serían más nocivas para su formación que ceder el bastón de mando al candidato del PSC.

De todas formas, si ustedes no me permiten asegurar el resultado con el triple 1-X-2, yo apuesto por la tercera opción: no habrá prórroga y tanda de penaltis, sino repetición del partido.

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